domingo, 17 de noviembre de 2013

"La Isla de los Weka" el primer artículo turístico (o semejante) de este blog



Como dije anteriormente, este “artículo” nunca fue planeado. Quise escribir una breve descripción de la ciudad en una forma de explicar algunas de las razones por las cuales nos quedamos tanto tiempo allí, para “Musicología II”. Pero me fue imposible mantener la brevedad.


Voy a dejarles una canción para que escuchen mientras leen, que es la misma que estoy escuchando ahora mientras reviso el texto. Hagan click aquí  http://youtu.be/1DAeXaC6LyM



La Isla de los Weka


Muchas veces escuché gente tanto local, como extranjera, describiendo a la hermosa nación de Nueva Zelanda como “laid-back”, y no encontré mejor forma de describir a los kiwis (o neozelandeses). “Laid-back” significa relajado, despreocupado, tranquilo. Creo que Motueka le hace mucha justicia a este elogio. En esta zona viven muchos músicos de reggae y “potters” que nada tienen que ver con Harry. Potters es la palabra inglesa para alfareros, que nada tienen que ver con alfajores, ni con Alfalfa.




Motueka fue el punto final del increíble road-trip (viaje acompañado por ruta) que hicimos partiendo de la ciudad sureña de Cromwell, y atravesando la isla sur casi en su totalidad, por la coste Este.  Ben (el inglés) siguiendo una pollera se bajó del viaje en Nelson, y retornó a Alexandra, y creo que aún se arrepiente de este movimiento, ya que la pollera se volvió a su país enojada, y el terminó pasando su verano en la derruida Christchurch. Pero el gordo (Saku), Kozué (la japonesa) y yo seguimos hasta Motueka, en busca de trabajo. Jamás nos imaginamos que íbamos a quedarnos ahí más que unos pocos meses. Kozué ya tenía pasaje de salida de NZ y no iba a durar ahí más que algunas semanas. Pero por distintas razones nos fuimos quedando. El gordo se quedó hasta su último día en NZ, y yo me quedé 2 meses más después de su partida.




Claramente había algo en este lugar que nos hizo quedarnos, después de todo ni en Wellington nos quedamos tanto tiempo, aunque las circunstancias fueron diferentes. Wellington fue el principio de nuestro viaje, aún quedaba mucho por explorar. Motueka fue más adelante, cuando ya habíamos recorrido casi toda la isla sur. Pero igual, esta razón per se no nos hubiera hecho permanecer allí.

Había algo especial en Motueka, difícil de describir. Supongo que fue una combinación de distintas características que fuimos viendo a lo largo de NZ, pero todas juntas en un mismo lugar. Aún cuando el trabajo se acababa nunca tuvimos reales intenciones de irnos, muy diferente a lo que pasó en otros lugares. Quizás describiendo el lugar pueda descubrir que fue lo que me ató a este pueblo costero.

Motueka viene del maorí "Motuweka", que significa Isla de Weka, un ave no voladora autóctona. Si tuviera que describir a "Mot", como es conocida localmente, con una palabra, esa palabra sería “tranquilidad”. Una ciudad pequeña a orillas del mar. Aislada, autosuficiente y rodeada de granjas y campos. A pocos minutos de una playa hermosa como Kaiteriteri, y a un poco más, no mucho más, de paradisíaco Parque Nacional Abel Tasman. Todo a su alrededor es hermoso. La ruta que tomábamos para ir al trabajo se extiende durante 30 km a lo largo de colinas verdes que subían y bajaban, bordeando el mar. De Motueka a Richmond por la ruta 60, y ya en esta ciudad, te chocás con la ruta 6, que atraviesa la isla sur de punta a punta. Desde Blenheim a la Bahía de Tasman, extremo norte, hasta Invercargill, en el extremo sur.  

En cada recorrida ves los hermosísimos Halcones Maorí, o Halcón de Nueva Zelanda, una especie autóctona y exclusiva de este archipiélago. Planean sobre la ruta esperando que alguna zarigüeya sea pisada por algún conductor distraído o nocturno. Nunca vi un ave más linda en mi vida. Ya están tan acostumbrados a los autos que pocas veces se alejaban volando, otras se quedaban paradas con las garras sobre su presa viéndote pasar. Manejar al trabajo era un placer.


A mitad de camino, ni bien la ruta se aleja del mar, encontrás la salida para Mapua. Mapua (léase Mapúa) es un pueblito muy lindo como todos los demás, que cuenta con un puerto aún más lindo desde donde se ve la más que próxima Rabbit Island (Isla del Conejo); tan cercana que parecería separarnos sólo un río. Un pequeño complejo de bares y restaurantes en el puerto, hacen que el puerto sea el centro del pueblo. Llegamos a considerar mudarnos allí, pero ya era demasiado pequeño.

Si en vez de tomar esa ruta nos desviábamos unos km lejos del mar, pero siempre yendo hacia el sudeste, el paisaje no es menos bello. Atravesando más colinas, campos verdes y arroyos llegas a las Mouteres, dos pueblitos minúsculos separados por pocos km y denominados Upper Moutere (Moutere Alto) y Lower Moutere (Moutere Bajo). En este último se encuentra la taberna (o bar) más antiguo de toda NZ. Parada obligada para tomar una cerveza. Cerca de las Mouteres, está la Comunidad Riverside, una comunidad abiertamente pacifista, cuyos ideales se basan en la cooperación y la vida sustentable.



Si querés ir hacia el norte, no hay ningún problema. A escasos 16 km se encuentra Kaiteriteri, un pequeño pueblo a orillas de una playa de arenas de color entre el blanco y el dorado, y un agua verde translúcida.


Si te sentís aventurero y querés ir un poco más lejos, llegás al Parque Nacional Abel Tasman. Una caminata por las colinas que desembocan en el mar, entre los bosques casi intactos que te cierran los flancos, y te dan espontáneas e inesperadas reacciones “uau”. Sean por un paisaje increíble de una costa magnífica que supo mantener alejada la mano del hombre, o sean por una playa gigantesca, deshabitada y paradisíaca. Son 4 horas de caminata, pero valen la pena. Si el reuma no te deja, podés ir en kayak. El kayak es una experiencia increíble. Ver desde el mar verde toda la costa aún más verde, colinas atestadas de árboles que desembocan en increíbles acantilados o playas doradas es algo que nunca te vas a olvidar. La ventaja del kayak es que te da acceso a playas que desde tierra no se puede llegar. Todas las playas quedan encerradas entre pequeños riscos, lo cual las hacen aún mas lindas. Y la tranquilidad de estar flotando en un mar que te mece el kayak suavemente ante esta vista es impagable.


En diciembre del 2011, caminando por el bosque en ruta hacia una playa escondida y privada, nos cruzamos con un grupo de escolares. Todos ellos iban descalzos. Automáticamente me saqué las zapatillas y caminé sintiendo a cada paso la tierra húmeda bajo mis pies. Era el detalle que faltaba.

Si ninguna de estas formas es lo suficientemente “cómoda” para usted, puede tomarse un taxi acuático y apoyar su gordo y vago culo en la arena. Lo pasarán a buscar más tarde. Hay otra propuesta más que interesante, que lamenté muchísimo no llevar a cabo. Un tramping  (mezcla de caminata y campamento) de varios días te permite ir de punta a punta del parque a pie. Lejos de la civilización, de la señal de celular, de los televisores, y toda la mierda tecnológica moderna. Pero con cabañas que encontrás esporádicamente con luz y gas para pasar la noche si no querés dormir en carpa. Vale aclarar que no se permite ningún tipo de vehículo motorizado dentro del parque. Y aunque quisieras, no hay rutas ni calles, solo caminos suficientemente anchos para 1 a 3 personas.
Se puede hacer paracaidismo en esta área. No lo intenté, pero algunos amigos que lo hicieron, quedaron fascinados.

Si querés explorar aún un poco más, bordeando el PN llegás a Takaka, puerta de entrada a Golden Bay. Esta bahía, como su nombre lo indica, es famosa por sus playas doradas. La arena es literalmente dorada, te dan ganas de revolcarte en ella y decir: “miren, soy el ataúd de un faraón”. O si están excedidos de peso pueden decir: “miren, soy el gatito dorado que ponen los chinos en la puerta de los supermercados para que les traiga plata” mientras movés la patita hacia adelante y atrás por encima de tu cabeza. Si están muy excedidos de peso, con acné, y tomaron demasiado sol, pueden decir “soy un Ferrero Rocher”. De pasada podés ir a “The Mussel Inn”, una famosa cervecería con un restaurante al aire libre. Créanme, parada obligada. Pero estén atentos, porque la entrada está casi escondida y el cartel es casi imperceptible si pasás rápido.

Si eso no alcanza. Siguiendo hacia el norte, pasando Golden Bay, y Farewell Split, llegás al extremo Noroeste de la isla Sur, lugar donde se juntan la Costa Norte, y la Costa Oeste. Bajando un poco por el oeste te espera Wharariki Beach (léase “Fararíki”, ya que es maorí), una de las playas más conocidas del país. Algunas formaciones rocosas llegan a la playa, dejando cuevas por donde caminar y donde sentarte a protegerte del viento y tomar mate. Gran parte de la costa oeste es así de hecho, pero ésta al estar tan alejada de todo, es prácticamente virgen. Ahí pude ver por primera vez un pingüino azul caminando torpe, pero graciosamente por la playa.

Todavía no empecé a hablar de Motueka en sí. Ni creo que haga falta ya. La ciudad no desentona con su entorno. Y la gente tampoco desentona con la ciudad. Por algo me terminé quedando más de medio año ahí. Eso sí, el nivel futbolístico de esta ciudad deja bastante que desear. 

Memorial Park, Motueka