jueves, 4 de abril de 2013

El último trimestre - Historias irrelevantes


Esta nueva edición no trae avances en la historia, sino que sólo cuenta un poco más como fueron los últimos meses en Nueva Zelanda. Si se la pierden, no se van a perder en la historia. Igual, si ya entraron, no se van a ir sin leer. Es cortito y al pie. 



El último trimestre - Historias irrelevantes

El último trimestre del 2012 fue algo…em…poco asentado, sí. ¿Póco asentado? Así como en el aire digamos. Si bien mi idea ya era quedarme un tiempo más en NZ, era imposible saber si iba a poder hacerlo. Y lo peor es que fuera cual fuese el curso que iba a tomar mi viaje (y vida), iba a ser completamente repentino y sin tiempo de acomodarse al mismo. 


Me explico mejor. Ustedes se imaginarán que yo no soy el único infeliz que quisiera quedarse allí. Si estuvieron siguiendo este blog, me imagino que incluso ustedes querrán radicarse en NZ. Bueno, ¡olvídense! No es tan fácil como se imaginan.


La situación era la siguiente. Tenía 3 opciones para quedarme:

Opción 1) Que Waimea Nurseries me diera un contrato permanente y así pedir una visa de trabajo.

Opción 2) Casarme con una kiwi.

Opción 3) Salir en “El Hobbit”, ser galardonado como actor revelación y obtener un contrato con la productora de Peter Jackson en Wellington, y convertirme en la nueva estrella mundial del cine.


Se imaginarán que opción tomé. Deposité toda mi fé en salir en el Hobbit.


Algunas semanas antes de que se venciera la visa, Paul Jameson, el gerente de Waimea Nurseries me ofreció un contrato permanente  con la compañía, gracias a ello presenté los papeles a Immigration NZ. Pero esto ya lo saben. Lo que no saben es que a partir de allí, en cualquier momento podría llegarme una carta diciéndome que podría quedarme en el país por algunos años más, o por el contrario, que debía abandonarlo casi inmediatamente.

Y así tuve que continuar mi vida, esperando a diario una carta que resuelva mi vida futura inmediata entre dos opciones muy contrapuestas. Fuera cual fuese la situación, iba a seguir disfrutando mi vida en el País de las Maravillas. Intenté crear dos líneas de planificación, conocidas internamente como plan A y plan B, según fuera la resolución de INZ.

Plan A: Mudarme a Nelson. Jugar en Nelson F.C. Alquilar una casa con Héctor, el venezolano, apodada “La Casa Feliz”, así en español, frente a la playa. Proyectos musicales latinos.

Plan B: Ir unos meses al sudeste asiático con Rodri, el uruguayo, a buscar al gordo, argentino, y convencerlo de que se una a mi próxima aventura en otro país. Pasar el tiempo allí hasta que ser otorgada la visa en el próximo destino.

Por supuesto que ahora saben como resultó todo, pero en ese momento, no tenía idea, y esos eran los únicos planes en mente.

La vida continuó entonces en Hope a la espera del estreno del Hobbit y en consecuencia la simple resolución de mi vida como fue explicada antes.



El trabajo de planting

Por si no se acuerdan, en el trabajo estaba en el equipo de campo rompe espaldas. Un día me avisaron  que me cambiaban de equipo, me mandaron a trabajar al equipo de planting, o plantación. La jefa de este equipo es Kath, una mujer en sus cincuentilargos/sesentipocos, que solía ser stripper de joven. Sí, es correcto, mi jefa era stripper de joven. Habrá llegado un punto en que no pudo seguir haciéndolo. Si tengo que adivinar, diría que fue el día en que su hija quedó embarazada y estaba por convertirse en abuela. Convengamos que nadie quiere explicarle a su hijo/hija que su abuela es stripper, salvo que quiera arruinarle la infancia.

Para todos los que están pensando: “A los 20/30 una stripper está buenísima, ¿qué onda a los 60?” Y la verdad que yo le daba. Y varios de mis compañeros también. Kath es divina. Cuando me pasaron todo el mundo me dijo: “que suerte, vas a trabajar con Kath” y después vi porqué.

En el equipo había 3 viejos conocidos: Maddy (del grading shed, una chica parte maorí), JP (un pibe kiwi con pocas luces y demasiada actitud “cool”), Rodrigo (uno de los chilenos), y Adam (el filipino, una especie de versión mini-me* de Jackie Chan, quien estuvo sólo una semana).  Había una persona más, un tipo parte maorí que lo conocía de cruzármelo a la mañana nomás, había entrado hacía poco.

Will es sin duda alguna uno de los mejores personajes que conocí en Nueva Zelanda. Tiene 50 años, y está casado con una mujer sudafricana 10 años menor.

Día a día fui aprendiendo la metodología del nuevo equipo y a sus integrantes. El sistema para plantar es el siguiente.  Campo gigante, lleno de pasto. Pasa un tractor con una “podadora”. Pasa el mismo tractor con una “revolvedora”. Venimos nosotros y empezamos a plantar. Con un tractor.

William


Primero se debe trazar  la primera línea guía, sobre la cual va a pasar el tractor con la “plantadora”. Obviamente es necesario que sea una recta perfecta, asi todas las filas son paralelas y se aprovecha la extensión de tierra al máximo. Se imaginarán que no se hace a ojo, es un poco más tecnológico. Se coloca un láser de un lado, y un receptor del otro. Una vez instalado el laser, se corre el receptor y se alinea el tractor, ya estamos listos para plantar. El tractor tiene otro receptor que le indica al conductor exactamente por donde tiene que ir.

Receptor al frente, tractor al fondo.

El receptor es el cosito rojo, al fondo se ve el láser. A la izquierda, el sist. de riego.

Atrás va enganchada la plantadora con asientos al ras del piso para dos personas, una yo. Cada uno tiene como una pala en forma de V que abre la tierra para que uno pueda poner la planta, y después tiene unas paletas que cierran el surco. Atrás van una o dos personas controlando que la distancia entre las plantas sea correcta y estén todas bien cubiertas. Mientras tanto, otros dos van en una camioneta hasta el invernadero (ubicados en otros campos distintos), traen las bandejas de arbolitos, y los sacan a todos, los ponen en otras bandejas especiales para el tractor, y se colocan sobre el mismo.

El trabajo en sí no está mal. O vas sentado en el tractor que avanza a paso de hombre rengo en subida poniendo las plantitas en su lugar, o vas en la camioneta y tranquilamente la llenas de bandejas y ayudas a sacar los arbolitos de las mismas, o vas atrás del tractor ayudando a Kath a revisar. Perdón si los aburrí, seguímos con otra cosa! 

Arriba: Will, Judah, Craig (del equipo de riego)
Abajo: Yo, la hija del dueño millonario, y Maddy

Will es una persona particular, y un empleado particular. El mejor chofer que vi en mi vida. Maneja la camioneta y el tráiler de 5 mts de largo agarrado atrás, como si fueran un Fiat 600 con dirección hidráulica de Scania. Pero a su vez, le es imposible realizar tareas sencillas como plantar, y es por eso que Kath le tenía prohibido hacerlo.

Día a día fui conociendo mejor a Will. Le encantaba la música clásica, pero no le gustaba Bob Marley porque era muy antiguo. El tipo es un viajero. Odiaba a los kiwis por considerarlos aburridos, y le encantaba trabajar con Rodrigo y conmigo. Siempre nos preguntaba sobre nuestros países, música, etc. De hecho su sueño era vender todo acá e irse a vivir a Italia y recorrerla en una Vespa. Como su esposa es sudafricana, vivió un tiempo con ella allá. Le encantaba nuestra música y nuestro idioma. Aprendió rápido a decir “pedo” y se denominaba a sí mismo Mr. Pedo, no sin justa causa, el tipo tenía una trompeta por esfínter. El preparaba su propia cerveza casera (y otras bebidas alcohólicas), y fumaba marihuana a escondidas de la mujer, a quien no le gustaba tanto la idea.

Se enamoró de la canción “Es importante” de la Bersuit. De la nada y en cualquier momento tiraba un “es importaaante”. Nos vivía invitando a su casa un fin de semana para hacer un asado “estilo sudamericano”, pero sólo los latinos, los kiwis no le interesaba en lo más mínimo.  Tanto insistió, que un día accedimos.


Asado en lo de Will

Sábado al a mañana, fui el primero en llegar. De mi casa tomé hacia el sur por la ruta 6 hasta Wakefield. De allí agarré una ruta que se iba hacia el este, hacia las colinas. Subiendo, bajando y zigzagueando por las colinas llegué al final. La casa era un sueño. Construida en la cima de la cadena de colinas, y justo en un área donde, en una especie de u, sólo se veía el valle hacia abajo y el resto del terreno hacia arriba, nada más. Ni una otra casa en la cercanía. La casa en sí hermosa también, amplia, llena de luz y con una pileta al aire libre genial.  Incluso tenía un taller. Restaura motos antiguas y hace muebles y esas cosas. De hecho estaba empezando a convertir el taller en una casa para invitados. Me invitó a quedarme cuando quisiera.

Nini, Yo, Vicky

El tipo compró todo exactamente como yo le había dicho que se hacía. Compró medio barril, la parrilla, cortó madera, y compró carne de todo tipo para que comiera la empresa entera. Y por supuesto, tenía miedo de que no alcanzara. Nosotros sólo llevamos la bebida y la picada. Estaba tan contento de recibirnos y era tan servicial, que creo que si le pedías a la mujer te la entregaba.

Comimos como reyes y tomamos como barones. Algunos fuimos a escalar hasta lo más alto del terreno y la colina (persiguiendo a las ovejas), y luego bajamos (esquivando la caca de oveja) para tocar la guitarra y bajar la comida. El clima no acompañó para meternos a la pile. No saben lo que me costó convencerlo de que no hacía falta que me quedara a dormir.

El escuadrón latino de Waimea (falta Héctor) + Will + Mujer + Perro
El alto es Rodrigo



El equipo de planting, parte 2

En el equipo cambiaron un poco las cosas. Yo me gané más responsabilidad. Kath me enseñó todo lo del diagramado y la colocación del laser, así que desde ese entonces yo comencé a diagramar todas las plantaciones. Bastante bien anduve, me equivoqué dos veces nomás. En una me olvidé que el día anterior habíamos hecho media fila, y no lo tuve en cuenta cuando puse el marcador en el extremo más lejano quedando media plantación completamente en diagonal. Otra vez que parece medí mal, y dos filas quedaron separadas por 20 cm menos de lo debido…casi que no podés caminar por el medio. Pero todo bien, no fue tan grave.

Haciéndome el Copérnico.

Para todo eso tenía que andar moviéndome con la camioneta de punta a punta. Empecé a trabjar mucho con Rodrigo que al ser latino hizo que nos entendiéramos bárbaro. Así la pasábamos bien. 

Tirando facha a lo maorí en la "Mitsi"



Maddy es una mina muy buena onda y extrovertida…no tan buena trabajadora. Con ella nos pasábamos el día cantando canciones bizarras al plantar (muchas veces Kath se unía), y tratábamos de pegarle al otro la canción más bizarra. Así me encontré cantando “Everybody” de los BackStreet Boys por días. Imagínense lo siguiente: venís manejando por la campiña neozelandesa a toda velocidad en tu impecable Corolla champagne (Gracias Lidia y mamá que descubrieron el color del auto), con la ventanilla baja, dejando que el viento menée tu cabello ondulado que brilla castaño por el rayo del sol sureño, libre de preocupaciones…y cantando “evri badeeee… ieeeeee… uach ior badeeee… ieeee eee”. Si, lo arruina todo. Pasas de ser James Dean a ser Justin Bieber.

Yo, Craig, Will, Maddy, Hija del dueño, Kath, Marion, Judah

En el medio de esto pasó mi segundo cumpleaños en tierra kiwi, y al mes, el aviso de que mi visa había sido rechazada.


Generalidades y un asado latino (escrito de hace varios meses que quedó afuera de actualizaciones anteriores)

Durante todos estos meses empecé a salir mucho con Héctor a Nelson. Así me hice habitué del Sprig & Fern Hardy Street. Y cuando digo habitué, digo ir al bar unas 2 o 3 veces por semana por lo menos. Ahí conocí a la encargada del bar. Se terminó de ganar mi corazón cuando me regaló la primera cerveza. Esto no ayudó más que a hacerme ir más seguido al bar. Gracias a ello comencé a caer con resaca a trabajar durante la semana. 

A la par, también fui de visita a Motueka algunas veces. Les había contado de los nenes con los que vivía, Ngahere (“Najíri”) y Nikora, de 5 y 4 años respectivamente. Ahora tienen 6 y 5. Hacia fines de Julio (sí, me fui muy atrás, mis disculpas) Nikora festejó el cumple, y yo, aún viviendo en Motueka, fui invitado con Rodri al cumpleaños. He aquí algunas fotos.


Envolviendo los regalos con papel de diario. Tradición kiwi.

A la izquierda se ve La Carcacha. Bueno, los grandes también se divertían. 
Bastante

Esto claramente no terminó bien. Uno se cayó y terminó llorando.


No sé si conté esto, pero si bien con Ngahere nunca pude tener una relación, con Nikora fue todo lo contrario. Ngahere es delicado y elegante, Nikora, un indio caníbal, con el cual me encariñé.

Un sábado Rodri organizó un asado. Y digo “asado” y no “barbecue”, porque fue justamente un asado propiamente dicho, como no había tenido desde que dejé la llanura pampeana. Compró medio tanque y las parrillas, y hasta se vino a una carnicería de Richmond a pedir específicamente que le corten tira de asado. Vale aclarar que los cortes de la carne acá son completamente distintos a los nuestros, yo aún no los entiendo. Ya de por si tampoco entendía los argentinos, pero aunque sea ya estaba familiarizado con ellos (aunque no sabía de donde venían). Es más fácil pedirse tira de asado, vacío, etc. que Beef Schnitzel, Porterhouse steak, etc.



No éramos los únicos en el asado. Aparte de los sudacas, estaban Jo (la que nos alquilaba las habitaciones), Tomas y Alena (los checos), Raymond (?) y un par de personas más.
Mientras íbamos a comprar vino tinto, se nubló y empezó a llover. Primero llovizna, después casi torrencialmente.



Los dos rioplatenses hambrientos y desesperados por un asado no se iban a dejar vencer por unas gotitas, y a lo publicidad de Hepatalgina, nos pusimos a hacer el asado igual, y bien completo señores. Salame, queso, pan francés y papitas para la picada, vino tinto y cerveza para elegir, y salsita criolla casera hecha por Rodri. Por suerte paró de llover, se despejó el cielo, y corrimos la mesa de abajo de la sombrilla para disfrutar del sol mientras comíamos asado.

Todo esto después de salir el jueves y  viernes, y manejar a Mot resacoso después de salir con Héctor y las alemanas restantes. Después de conocer a las dos primeras apareció una más, Kea. Ike se fue, quedaron las otras dos (NOOOO! POR QUÉEE DIOS???). Esa noche también terminé durmiendo en el auto.

Las nubes no se iban a retirar sin pelea, y volvieron mientras comíamos. Todos se espantaron y empezaron a levantar la mesa. Comenzó a llover torrencialmente una vez más. Corrieron para ponerse bajo techo. Pero los latinos que esperaron 4 horas ese asado, se miraron, vieron que ninguno de los dos tenía la más mínima intención de abandonar el fuerte y siguieron comiendo sin siquiera mencionarlo. Vale aclarar que después de 4 horas, los muchachos estaban desesperados. Incluso ante la impaciencia se lanzaron con lanzas y boleadoras antes de tiempo, y al descubrir que estaba aún crudo, tuvieron que volver a tirarlo a la parrilla. Y cuando digo crudo no digo rojito, digo literalmente crudo, rojo oscuro, gomoso, mujiendo. Ahora que estaba listo, una lluviecita no los iba a frenar.

La lluvia se convirtió en escarcha, y así de pronto nos encontramos los dos solos en el jardín del fondo, sentados a la mesa, comiendo el asado empapado, cubiertos de escarcha y todos los demás bajo techo a los gritos pidiéndonos que vayamos también. Pedirle a un argentino o uruguayo que largue el asado es casi como pedirle que entregue a su vieja. Fue un acuerdo tácito entre Rodri y yo, jamás hablado. Todos se levantaron, nosotros nos quedamos sentados devorando el asado sin decir palabra alguna.

En medio de la tormenta veo que Rodri, cubierto de escarcha, agarra el plato y se levanta. Era casi un puñal por la espalda, una traición. ¿Cómo se iba a ir? ¿Cómo se iba a esconder bajo el techo por una escarchita? ¡Estábamos comiendo asado por dios! Un asado no se abandona, ¡jamás! Una sensación de decepción me llenó. Lo miro extrañado, dolido, y le pregunto:

-  ¿Me abandonás?

Se ríe y me dice:

- No, ¡voy a buscar más carne!

Y se fue a buscar más carne. Volvió, se sentó, paré de reírme, y seguimos comiendo bajo la escarcha. La escarcha pasó, la lluvia pasó, terminamos de comer, y levantamos la mesa ante la incomprensión de todos los demás. 

Rodri, Tomas, Jo, Alena, dos franceses, Yo