sábado, 28 de marzo de 2015

¿Ilha Grande? ¿y eso?


Me agarré la costumbre de llevar un anotador y una lapicera siempre que salgo, vaya a donde vaya. También llevo siempre un libro y el iPod, pero las razones son menos nobles y románticas. El fin de cargar siempre con ese peso encima es que, en caso de tener de pronto algo interesante para escribir, esto no se pierda en las neblinas del olvido. Muchas veces me pasó de concebir un regreso triunfal al
arte de escribir, pero que, a pesar de repetirlo y continuarlo en mi cabeza durante todo el trayecto de regreso a “casa”, al sentarme en la computadora, ya había perdido su magia y termina quedando desechado entre tantos otros bocetos de textos que sonaban geniales, y quedaron flotando por ahí.

Esto convive con la creencia de que la creatividad va de la mano con una buena vida, o por lo menos eso es en mi caso. Cuando mejor escribí, fue en la mejor etapa de mi vida. Cuanto más feliz era, mejores eran los textos, y aún en los momentos grises, pero que estaban dentro de toda esta etapa, los textos eran interesantes, a pesar de no estar rodeados de una aura mágica y alegre. Vivo entonces a la espera de poder escribir de nuevo, y no es que no lo intente, es que no sale. Es horrible cuando sabés que en algún momento todas las pelotas las clavabas en el ángulo de primera, y hoy si apenas le atinás al arco después de pararla y acomodarte.
Nueva Zelanda es una realidad que amenaza constantemente con nostalgia, de épocas más felices, y junto con estas, está la espera de la escritura vuelva a fluir.

Un día me vine a Ilha Grande, no a trabajar (sorpresa, sorpesa), sino a viajar, y tengo que admitir que es la primera vez que disfruto Brasil en mucho tiempo. Mi vieja vino de vacaciones unos 10 días y era algo que necesitaba enormemente. Todos los últimos meses fueron realmente difíciles y sacrificados. Después de quedarse una noche en el hostel, partimos hacia la hermosa islita atlántica.

Si bien cargué mi anotador a todos lados, todo lo que escribí fueron más anotaciones y reflexiones personales, que es lo que más necesitaba. Me tomé varios momentos para pensar mientras caminaba por la selva, me sentaba en la playa, o mientras meditaba sobre una piedra frente a una cascada o bajo un árbol a orillas del mar. 

Una semana no alcanza para reordenar todos los pensamientos en una cabeza, pero fueron suficientes para por lo menos encauzarlos y organizar el trazado de calles para que circulen más ordenadamente y no se atasquen todos en la boca del subte. 

Tengo grandes decisiones que tomar, de las cuales depende el resto de mi vida (o por lo menos los próximos años), y este tiempito y espacio que me tomé de mi mundo actual ayudó mucho. Como principal puedo destacar la cuestión sobre ¿qué es lo que realmente quiero?, lo cual no siempre es fácil de saber, y en el día a día cuestiones más urgentes no dan espacio a cuestiones importantes como estas, y así pasan los días y los meses, y uno sigue sólo por continuar sin tener tiempo de sacar la cabeza a la superficie y ver hacia donde uno está yendo, y si hacia dónde va es efectivamente hacia donde uno quiere ir, y no es sólo la proyección de lo que alguna vez uno quiso y que se desvió sin darse cuenta.

Dado que no hay mucho más para detallar acá, vamos a lo que mas os intriga: 

“¿Ilha Grande? ¿y eso?”


Ilha Grande (dígase: Ília Granshi) es nada más ni nada menos que un paraíso terrenal a sólo 3 horas de Rio de Janeiro. Es una isla grande (de ahí el original nombre) a unos pocos km de Angra Dos Reis en la costa continental del Estado de Rio de Janeiro. La única forma de llegar es en lancha, que puede tomarse en varios muelles diferentes que no valen la pena detallar ahora. La travesía acuática toma entre 20 y 45 minutos dependiendo si se suben a uno de esos viejos barcos de madera que te llevan de paseo, o esas lanchas que rebotan sobre la superficie del agua haciendo que tu desayuno rebote sobre la superficie de los ácidos gástricos (los cuales rebotan contra las paredes del estómago resultando en un lindo revoltijo).



Desembarcás en un muelle en Vila Abraão, un pueblo de 3000 habitantes donde hay más perros que autos (y no estoy exagerando). En la isla no hay calles ni rutas, en el pueblo apenas si las hay, y muchas de ellas son de hecho peatonales. Los únicos vehículos motorizados terrestres pertenecen a mis amigos de la Policía Militar, a los bomberos, a la municipalidad, y una ambulancia. Un total de 2 pickups, una camioneta con caja (la ambulancia), dos buguis y una moto. Pasás caminando por los locales y se escucha Bob Marley y Jack Johnson, acá no llegó el funky (gracias Jah!). El 95% de la isla es área protegida. ¿Querés moverte? Tomate una lancha o aventúrate por los caminos de la selva, simple (y reconfortante).




Sólo sentado en la posada durante el desayuno vi 5 tipos de animales diferentes. Micos, gorriones (que de hecho entran y andan libremente por toda la posada), un pájaro no volador, una ardilla (escupí el café que tenía en la boca de la emoción), y un bicho más que ahora se me fue. Mires hacia donde mires tenés las colinas / montañas cubiertas de bosques, y/o el mar. 

No hay autos = no hay contaminación sonora. No hay autos = no hay contaminación del aire. No hay autos = todo el mundo va en bicicleta. No hay autos = caminás más.

Hay una trilha (dígase: trília. Palabra en portugués para: “camino por el bosque que puede o no tener en algún momento una pendiente que tus gemelos no puedan soportar”) de aproximadamente una hora que te lleva a la Cachoeira da Feiticeira (dígase: Cashoéira da feichiceira, En español “cascada de la hechicera” parecería ser) y a la praia homoniminha (playa homónima). La cascada crea una pequeña piscina natural en medio del bosque, es hermosa. La playa es linda, pero demasiado chica. A penas nos dispusimos a volver se largó una tormenta increíble, y créanme, que escalar y hacer la trilha en ojotas en medio del barro, las piedras y un diluvio no es algo muy sencillo.


Mi vieja no estaba muy feliz durante la vuelta. Se le resbalaban las zapatillas y no paraba de llover. Todo era barro, todo era resbaloso. Y no teníamos paraguas. Cuando faltaba poco me adelanté y fui corriendo hasta la posada para buscar un toallón, algo de ropa abrigada y un paraguas.
Lo cierto es que después de todo, amó la caminata, le encantó darse cuenta que fue capaz que pasar por todo eso, y terminó tomándolo como una experiencia más que positiva. Ahora tiene una historia para contar!



Hay otra caminata que te lleva a la playa, probablemente, más linda que vi en mi vida, la Lopes Mendes. La trilha lleva entre dos y tres horas y vas pasando por algunas playas intermedias. Todas las playas del norte (aquellas que están frente al litoral continental) son de aguas mansísimas, apenas si se mueven. En una de ellas, la Praia das Palmas, me quedé ahí flotando durante media hora bajo la mirada de unos buitres. 






Estaba sacándole una foto a esta casa y se acercó "Leito" y me dijo: "yo la pinté". Posó para la foto y se fue contento.

Diga lo que diga de la playa Lopes Mendes no le hace justicia, como tampoco le hacen las fotos. Igual les voy a mostrar una para que tengan una mínima idea. A diferencia de las playas del norte, ésta que da de frente al océano atlántico tiene olas enormes de un color verde esmeralda que rompen a más de 50 metros de la orilla.

Lopes Mendes

A la vuelta cruzamos la isla hasta Praia Pouso, donde nos embarcamos en una lancha hacia el pueblo. En el camino nos agarró el atardecer escuchando al gran Bobby.

Un barcito en la playa Pouso

Rastaman vibration yeah...positive!

Dar la vuelta a Vila Abraão no te lleva más de 15 minutos. Admito que el centro es altamente turístico (lo cual generalmente no me agrada para nada) pero acá se tolera más que bien.

En fin, una semana en este paraíso me sirvió para despejarme bastante y reordenar mi línea de pensamiento (¿a quién no?). La visita de mi vieja me llenó de enegía para encarar lo que se viene, y me ayudó a aclararme un poco la cabeza. Además pudo conocer mi hostel, con quién trabajo y vivo día a día, y se llevó un pantallazo de Río. Lo mejor de todo es que es su primer viaje internacional además de Uruguay. Idioma diferente, cultura diferente, gente diferente, todo diferente. Y lo amó.

No sé aún que será de mi vida, pero por lo menos ya estoy un poquito más orientado, digamos que encontré la brújula, ahora me falta encontrar el mapa nomás. Allá voy Felicidonia!

http://vignette3.wikia.nocookie.net/lossimpson/images/6/62/TLeader.jpg/revision/latest?cb=20090306233425&path-prefix=es

viernes, 6 de febrero de 2015

Flashback 8 meses, toma II


Hoy me puse a leer artículos viejos del blog y me encontré con uno en especial “Flashback 8 meses”. Esa actualización la escribí el 30 de marzo del 2012, en mi entonces casa de Motueka, a una semana de cumplir 8 meses en Nueva Zelanda.

Puedo decir que el timming es impecable, ya que hace casi una semana cumplí 8 meses en Brasil y, además de eso, en las últimas semanas vine llorando por los rincones por nostalgia de NZ.

No tenía pensado hacer un resumen del viaje hasta ahora, pero creo que estaría bueno hacerlo, ya que serviría de una comparación que en realidad no quiero hacer, pero que de todos modos siempre estoy haciendo.



05 de febrero de 2015, 11:55 am – Recepción del Hostel Favela Experience Vidigal, Rio de Janeiro

Flashback 8 meses, toma II

Este es el segundo viaje de mi vida y, como tal, las circunstancias y expectativas al comienzo del mismo fueron muy diferentes al primero. En el primero mi viaje se dio por muchas razones puntuales: el descontento total con mi vida en Buenos Aires, mi sentimiento de estancamiento, la falta de fuerzas para cambiar tantas cosas que necesitaba cambiar, una necesidad imperiosa de un cambio de ambiente total para descubrir quién era yo realmente (y eso daba miedo, mucho miedo) y principalmente, para cumplir un sueño.

Si tengo que explicar mis razones de por qué vine a Brasil, son a la vez más simples, y más difíciles de encontrar. En primer lugar, continuidad al primer viaje. Éste había dejado un saldo 100% positivo en todos los aspectos posibles de mi vida, y sabía perfectamente que tenía que continuar, dar un paso más al vacío. Por otra parte aún no había podido terminar de procesar lo que había sido el primer viaje, había cosas que estaban dando vueltas dentro de mí que aún no había podido ordenar. En el primer viaje me había encontrado a mí mismo, libre de todo, libre de poder ser yo, con mis aciertos y defectos, y de estos últimos aprendí mucho para mejorarlos y mejorarme. Pero al volver a la Argentina me perdí de nuevo, fue un golpe durísimo y no pude tomar todo eso que había aprendido, perdí mi libertad, y me perdí de nuevo. Por eso necesitaba volver a salir, y así lo hice.

Vale aclarar que en realidad vine a Brasil por el mundial sin saber que iba a pasar a continuación, sin idea de quedarme, irme, volver, nada, no lo sabía, entonces tampoco tenía claras mis expectativas. Sólo tenía la idea de seguir viajando por Sudamérica con Ben.

También tengo que admitir que en Nueva Zelanda fui feliz como nunca lo había sido, y quise repetirlo acá. Lo cual no está tan bueno, ya que vine con unas expectativas gigantes, intentando llenar una mochila muy difícil de llenar, tanto por el lugar a donde vine, como por ser el segundo viaje, y no ya el primero, y créanme que hay un abismo de diferencia entre uno y otro.

Basta con ver las entradas de un diario personal que venía llenando una vez cada tanto, para darse cuenta que nada del viaje llenaba mis expectativas. Arrastraba aún una confusión enorme, no sabía que quería y, sea lo que fuere, no lo estaba encontrando. No me maravillaba con un mundo nuevo, mi cabeza no sólo no se aclaraba, sino que se confundía aún más a la sombra de unas expectativas inalcanzables y una nostalgia que no daba tregua. No llevaba un mes acá que ya quería dejar todo e irme a Nueva Zelanda. Fue peor aún cuando me tuve que despedir de Trace y Chris después de encontrarnos en Salvador.

Volver y establecerme en Río fue al comienzo una bocanada de aire muy necesaria. Fue mucho más cercano a lo que estaba buscando y lo disfruté, muchísimo. La vista se me aclaró, y comencé a verme un poco más. Todo esto fue para la época del mundial, cuando conocí mucha gente, me hice de muchos amigos y con ellos iba de acá para allá. Se acercó mucho al gusto dulce que me había quedado en el paladar antes.

No duró mucho, quizás lo necesario para salir de esa confusión y volver a mi camino. Después de eso todo se complicó un poco, pero esa complicación derivó en el proyecto de Favela Experience.
Arraial D'Ajuda
Este proyecto es, antes que nada, un desafío enorme. Algo totalmente nuevo en un mundo que no lo era, y eso también lo estaba necesitando. Me dio una oportunidad de enfocarme en un plano en el cual aún no había ahondado. Nueva Zelanda fue un viaje cuyo enfoque fue lo personal, yo mismo como persona, un descubrimiento de quien soy, mis filosofías, mis sueños, y que quería hacer con mi vida. Esta nueva etapa del viaje a Brasil daba un enfoque en lo profesional.

Hubo un hecho en particular cuyo enfoque se volvió de nuevo a lo personal, y eso fue la experiencia con la ayahuasca, la cual ya describí en la pasada actualización.

¿Qué aprendí en este viaje? El aprendizaje y crecimiento fue mucho más lento y en menor cantidad, pero eso es entendible. El viaje anterior había sido una mesita, una escalera para llegar a donde estoy hoy, y ahora estoy revisando lo que está a mi alcance. Sabía que Brasil no es Nueva Zelanda, y aún así me amoldé y me adapté a una realidad diferente. El ritmo de este viaje fue, hasta ahora, mucho más lento en cierto sentido, y mucho más frenético en otro, creo que los sentidos opuestos a los que yo quería. Fue lento en donde lo esperaba dinámico, y fue frenético donde lo quería tranquilo. Si esperaba encontrar un Nueva Zelanda en Brasil, estaba condenado a fracasar, y creo que ese fue mi mayor error.

Sí, la realidad de mi viaje actual está muy lejos del anterior. Desde el comienzo, este, me costó mucho mas, en el otro todo había fluido a un ritmo increíble.

Como siempre dije es muy difícil analizar las cosas desde adentro, donde el panorama es muy limitado, pero estoy seguro que todas las dificultades y frustraciones de este viaje son algo necesario, de lo cual también estoy aprendiendo sin darme cuenta. Me estoy endureciendo en donde era blando, me estoy haciendo fuerte donde era débil y hasta estoy viendo que puedo ser fuerte en esas cosas donde antes no sabía si podía serlo.

En un viaje los mensajes y comunicaciones con mi mundo porteño eran casi todos de felicidad absoluta y las actualizaciones del blog estaban contagiadas de eso. Describí un mundo increíble tal como lo vivía y lo sentía. Trasladé mi enamoramiento a otras personas a través de los textos. En mi blog hice de Nueva Zelanda un paraíso terrenal, porque fue así exactamente como lo percibí, e hice de mi viaje una experiencia maravillosa, porque así lo sentí.

En este viaje cerré el blog porque no pude plasmar eso, porque no pude percibirlo. Pero creo que este viaje es tan necesario en mi vida como fue el anterior. Es un camino más empinado y menos vistoso. El disfrute es menor, pero confío en que el aprendizaje y crecimiento sea en los aspectos y cantidades que estoy necesitando, después de todo se aprende más de los errores y las experiencias difíciles que de las buenas. Y quizás eso sea Brasil para mí.

En los tiempos malos de mi viaje anterior también me era difícil ver lo bueno que sacaba de ello, pero con tiempo lo podía ver, una vez pasado el mismo.

Es momento de darle una pequeña virada. Como ya dejé claro, no gozo de Rio como sí gozo de otros lares, sé por ello que Río es una etapa temporal, y que no voy a vivir acá. En el último mes sí aprendí muchas cosas. No es fácil poner un negocio propio con dos personas que conocés poco. No es fácil cambiar esa forma de trabajo de empleado, de cumplir horario y cumplir con lo básico sólo para terminar e irte a casa a disfrutar del dinero que ganaste, a llevar adelante tu propio emprendimiento. Es agotador por demás. Pero al mismo tiempo ver cómo crece y ver como a la gente le encanta lo que vos hacés es más que reconfortante.

Creo que la diferencia se da en que el crecimiento y aprendizaje de este viaje, se da en un aspecto de mi vida que es menos prioritario, para mí, al que tuve en el viaje anterior, entonces se siente menos. Pero no por eso es menos necesario. Son dos caminos que conducen a un mismo lugar, dos aportes que confluyen al final en lo mismo, por lo que, tarde o temprano, necesitaba pasar por esto. Los aportes de los trabajos a mi carrera que hice en Nueva Zelanda fueron mínimos, acá son por lo menos trascendentales y por eso estoy aún acá.

Sé que estoy donde tengo que estar, y haciendo exactamente lo que debería estar haciendo, y quizás aún ese enfrentamiento constante con la nostalgia es necesario para un crecimiento, y es una batalla diaria. Hace poco escribí una actualización que aún no sé si voy a publicar, en donde decía que la felicidad no depende del dónde, ni del cuándo, sino del cómo, y ese cómo depende de nosotros. Cómo vemos, cómo percibimos, cómo nos tomamos las cosas. Ese es un cambio mental que aún necesito completar.





Yapas

 - Este es el post anterior al que hacía referencia: "Armóse" (Busquen el segmento "Flashback 8 meses") (si no pudieron entender como llegar al post anterior, hagan click sobre "Armóse") (no, sobre ese "Armóse" no, sobre el primero que está en azul) (sí, ese)

 - El aporte musical del día:

Hay una canción que tiene el curioso efecto de transportarme a un momento pasado, en otro lugar. Si leyeron las "Musicologías" verán que eso no es extraño, lo extraño es que esta canción toca y remueve recuerdos con los que nunca tuvo contacto alguno. Me lleva a momentos que pasaron años antes de escuchar esa canción por primera vez. Es una canción hermosa, de un músico increíble, con un toque hipnótico. De hecho, es difícil que no te lleve a otro lugar.