viernes, 8 de febrero de 2013

¡Feliz navidad Sr. Esain!, por favor, abandone el país sino lo deportamos. Muchas Gracias.



Tic tac efímero, luces efímeras. Pero te creo.


(14 de enero de 2013, 7:45 pm aprox. – Sprig & Fern Hardy Street, Nelson)

Hay algo que no les conté todavía. No iba a hacerlo, pero qué se yo, ya les conté casi todo, ¿por qué habría de dejar algo así afuera? Cuando conocí a la alemana, yo ya estaba en una especie de relación sentimental. De hecho la relación comenzó justo una semana antes de conocerla, pocos días antes de la última vez que hablé con la kiwi. Pero se terminó hace poco, hace tan sólo una semana. No por decisión de ninguno de los dos, sino porque al tener que irme del país, no tenía ya sentido mantener la relación, cuando no sabemos cuando nos vamos a volver a ver, o SI nos vamos a volver a ver. Sé que después de caer en la broma del día de los inocentes seguro no me van a creer ahora, pero juro que esto fue real. 

Convivimos todo este tiempo. Lo veía al levantarme y al irme a dormir a diario. Fue amor, efímero, pero fue amor. En todas las relaciones anteriores similares en las que estuve, me era imposible no pensar en alguien más. Pero esta vez fue distinto, no me interesaba nadie más. Le fui totalmente fiel. Él no me fue tan fiel, pero fue mi culpa. Yo lo llevé a eso, no le di opción alguna. 

Por eso no lo culpo. Lo charlamos, y lo superamos. Creo que la sinceridad y el no mantener secretos es algo clave en toda relación, ¿no?

Pero desde el principio tuve mis dudas. Él nunca lo supo, supe mantenerlo en secreto, y aún después de la despedida, me mordí los labios para no decírselo. Desde el momento en que vi su foto por primera vez, me surgió esa duda. Pero claro, en las primeras etapas de toda relación uno siempre ignora esas dudas que surgen, uno está “encantado” con el otro. 



Como dije antes, todo terminó. Lo vi por última vez el viernes de hace dos semanas atrás. Héctor, el venezolano, me contó que lo vio el fin de semana siguiente. No volví a saber de él. Pensé que la primera iba a ser la más difícil de ver ir, pero no fue así. Él fue aún peor.

Hay cosas que no voy a olvidar, por ejemplo cuando en los preparativos para navidad terminó disfrazado de reno, con una nariz roja tipo de payaso y unos cuernos.  

Lo peor de todo es que aún tengo mi duda. Supongo que ya no lo voy a averiguar nunca. ¿Pero importa realmente?. Eso no cambia todo lo que fue.

De todas formas es imposible sacarme de la cabeza esa duda, ¿es beige? ¿es marfil? ¿es crema?
¿de qué puto color es Rodolfo, el auto?

¡Te extraño Rodolfo! El Corolla más lindo de Nueva Zelanda.




Así viajaba antes



 Así viajo ahora
















Fin de Semana en Rotovegas 

 

Vuelvo a escribirles desde un avión. Ésta vez en un vuelo desde Wellington a Rotovegas (Rotorua). ¿Se acuerdan de los Miles? Con quienes pasé las navidades del 2011. Chris, el papá de Tracey, cumplía 50 años, y lo festejaba en Kawerau, Bay of Plenty, ciudad de la isla norte, la cual queda cerca de la mencionada Rotorua, famosa por sus géiseres y aguas termales. Chris invitó a ir junto con su familia y amigos más cercanos. La verdad que no tenía porqué invitarme, para nada, pero lo hizo. Y por supuesto que no podía decirle que no. Además que iba a volver a ver a Trace después de un año, y a la hermana menor también. Guiño, guiño.
¡Mierda que hay turbulencia eh! Casi escupo el estómago. Estamos a 23.000 pies de altura. Me encantaría saber cuánto es eso. O sea, ¿qué tamaño de pie? 23.000 pies talle 44 no es lo mismo que 23.000 pies talle 35. Este estúpido chiste va dirigido especialmente a mi señora madre, que sé que lo va a disfrutar, para compensar los excesos de la edición anterior. ¡Te amo Má!
El vuelo de Nelson a Wellington fue tranquilo. Todo nublado asique no pude ver nada, pero tranquilo en casi todo el viaje. Se acordarán que Wellington es muy ventoso. Justo ese día estaba más ventoso que de costumbre, con lo que no fue nada fácil aterrizar. El despegue fue peor, pero por lo menos pude ver el set de “Dale” desde el aire, y le saqué una foto esta vez.  Allí fue donde se filmó la parte del Hobbit donde yo estuve, ahí mismo. Ya empezaron a desarmarlo creo, igual créanme que eso es gigante, está todo hecho a gran escala. 


De Wellington me subí a otro avión rumbo a Rotorua, en medio de un cielo gris oscuro y tenebroso. Nunca llegamos a Rotorua, en pleno vuelo, el piloto explicó que el clima era tan malo que iba a ser muy difícil aterrizar en Rotorua, pero que iban a intentarlo. Eso no es algo que querés escuchar al volar. Así fue, empezamos a bajar, se movía, se movía, se movía, y tuvo que levantar antes de tocar el suelo. Terminamos aterrizando en Tauranga, ciudad a orillas del océano Pacífico. Apenas llegado vi como casi todos los otros vuelos habían sido cancelados. Micro a disposición, camino a Rotorua donde Chris me fue a buscar, y derecho a la casa a ver a Trace y conocer al resto de la familia Miles

El abuelo Miles

La fiesta fue en el bar secundario del hotel local, Kawerau Hotel. Por contactos, a mí me consiguieron una habitación gratis en el mismo hotel, que ya no funcionaba como tal hace varios años, sino que sólo funciona el bar principal. Al entrar vi porque no funcionaba mas, la última remodelación fue a principios de los 70’, pero a caballo regalado no se le miran los dientes. 

Kawerau Hotel


La fiesta en sí fue genial, nada que objetar. Chris alquilo un barril de cerveza “Tasman Lager” de Sprig & Fern, mi cerveza preferida, de mi bar favorito. Era gratis obvio, y así fue como terminé dando un discurso en ebringlés frente a un bar lleno de gente que no conocía. Sarah, la hermana de Trace, vino y me dijo que iban a hacer unos discursos, si quería dar uno también yo. No tuve mejor idea que decir que sí. Hay video, pero no pude editarlo para subirlo. Estúpido Movie Maker.



5:00 pm - Con Trace


9:15 pm - Con Trace
10:22 pm - Con una señora y Mike, un amigo de Chris
Me tiró los galgos una amiga de la familia de 61 años, y Chris me descubrió justo cuando le estaba mirando el escote a su hija menor. 
Después de mi discurso fui leyenda. En algún momento de la noche terminamos todos bailando, alguien cantó en el escenario, y el hermano de Chris terminó en una ambulancia por lo que parecía ser un problema cardíaco, que resultó ser poca sangre en alcohol. Claramente después de eso ya la fiesta menguó hasta acabar. Me fui a dormir a no sé que hora de la madrugada, y no sé como subí las escaleras. A la mañana siguiente me pasaban a buscar para ir a un hangi. Me desperté y creí que mi cabeza iba a estallar. No recuerdo cuando fue la última vez que me dolió tanto la cabeza o siquiera si alguna vez me dolió tanto. Fue horrible, llegué a jurar no volver a tomar con tal de que se me pase. Juré otras cosas más pero ya ni me acuerdo.  Me levanté como pude de la cama, y fui a tomar agua al baño. Pensé en que estando el hotel sin uso hace vaya uno a saber cuantos años, el agua debería llevar la misma cantidad de años en las tuberías que vaya uno a saber en que condición están. Pero necesitaba agua y supuse que iba a estar bien, tomé y tenía un sabor y olor algo extraño. Intenté dormirme, lo logré, sólo para despertarme y correr al baño para vaciar mi estómago. Creí que era por resaca, y tomé un poquito más de agua. Al rato estaba vaciando lo que había quedado en mi estómago. Claramente el problema era el agua del baño.

El baño de la muerte


Chris me llamó para pasarme a buscar, y como pude fui al super a comprarme una botella de agua, aspirinas y una baguete, ya que tenía el estómago vacío y no podía comer nada más que eso. Fuimos a la granja de un amigo donde estaban preparando un hangi.


El hangi es un método de cocina tradicional maorí. Cavan un pozo en la tierra, calientan piedras con un gran fuego, y luego ponen una especie de parrillita sobre las piedras calientes, con la comida arriba (envuelta en aluminio). Le ponen como un manto de cuero y se cubre todo de tierra nuevamente durante algunas horas. 
Cuando llegamos ya había gente ahí, yo no conocía a ninguna. Los padres del amigo que vivía allí me preguntaron si conocía a alguien, antes que pudiera responder, una chica que estaba ahí dijo que sí, que había conocido a todos la noche anterior. Yo me enteré ahí mismo con los viejos, no tenía ningún recuerdo de nadie, algunos borrones nomás de caras. Todos sabían mi nombre (lo cual no es poca cosa para los angloparlantes) y otros detalles que aparentemente conté la noche anterior.


 



Juro que se ofendieron cuando rechacé cualquier tipo de bebida alcohólica. Cuando el hangi estuvo listo fui probando de a poco a ver como mi estómago respondía. Había un par de maoríes ahí, de hecho la noche anterior uno de ellos me hizo el típico saludo maorí, llamado hongi. El mismo consiste en presionar nariz con nariz para compartir el aire de la vida. Eso sí me lo acordaba de la noche anterior.


El hangi tiene un gusto que jamás había probado antes. Fuerte. En la carnes sabía muy bien, en los vegetales, a mí gusto, ya era demasiado fuerte. Había carnes rojas, como vacuna, porcina, ovina y de liebre; y blancas, como el pollo y la gaviota. ¿Se creyeron lo de la gaviota no? Ilusos, caen en todas mis bromas, ¡Muajaja! (risa malvada). 




La comida me cayó bien, nos quedamos ahí toda la tarde, y volvimos a la noche a Kawerau. No volví a pisar el hotel tenebroso (parecía sacado de una película de terror), sino que dormí en el sillón cama de la casa de los padres de Chris. Esa misma noche tuve que volver a rechazar muchas cervezas mientras nos sentamos en la terracita de afuera a charlar.


Al día siguiente emprendimos la vuelta. Volví con Chris, Helen (su mujer), Trace y Sarah en la camioneta hasta Wellington. Con los 4 Miles. Conocí una ruta distinta de la isla norte que no había hecho antes, incluso hicimos varias paradas intermedias. Hasta los hice escuchar algo de música latina, como Manu Chao (que Trace ya conocía) y La Bersuit, que también les gustó. Llegamos a Wellington y fuimos directo al nuevo bar de Sprig & Fern recién abierto en Wellington, y ese era el último S&F de NZ que me faltaba visitar. Ya había ido a los dos de Nelson, al de Motueka, al de Brightwater con unos amigos del trabajo (Brightwater queda entre Appleby donde está la empresa y Hope, donde vivo yo), y el de Richmond, donde fui con el venezolano un par de veces después del fútbol empresarial de los lunes.


En el bar tuve que volver a la cerveza. Me acompañaron al aeropuerto, y me despedí de Trace y Sarah, siendo esa probablemente la última vez que las iba a ver, ya que ambas viven en Wellington y yo aún no sabía si me salía la visa. Chris y Helen viven en Nelson. Sarah me invitó al cumple de 21 en enero, pero no sabía si iba a estar aún allí.

Ya para esa época tenía en mente la posibilidad de tener que irme en cualquier momento del país. Desde Octubre a Diciembre todos mis planes se hacían con una previsión máxima de una o dos semanas, mas no. Incluso las despedidas, gente que no sabía si las iba a volver a ver alguna vez.

Después de un finde genial con la que se convirtió en mi familia kiwi, volví a la isla sur a mi trabajo, y a mi aburrida casa en Hope.
Mi estómago se fue recuperando, y con horror descubrí el lunes a la mañana que el pelo se me empezó a caer, jamás había tenido ese problema antes. No sé que había en esa agua pero no era muy saludable.
 
En el discurso conté como para la navidad anterior (2011), Chris y su familia me dio un lugar donde quedarme un una familia con quién pasar la navidad, cuando yo no tenía a nadie acá, y que iba a estar siempre agradecido por ello. Y brindé por él y le deseé un muy feliz cumpleaños.También conté como en esas navidades pasé los 3 días ebrio, ganándome los aplausos y vítores de los locales.




 ¡Feliz navidad Sr. Esain!, por favor, abandone el país sino lo deportamos. Muchas Gracias.


(14 de enero de 2013, 6:56 pm – Sprig & Fern Hardy Street, Nelson)
Como les conté en la “Edición Aniversario – Parte I”, mi aplicación para una visa de trabajo fue rechazada. Mi visa “Working Holiday”, que fue la visa que tuve desde Agosto del 2011 hasta el momento, se vencía el 9 de noviembre, sólo 20 días después de recibir la carta. Con lo cual estaba obligado a dejar el país antes de esa fecha, o pasar a la ilegalidad. 
Lo que no les conté fue que en la misma carta me explicaron las razones del rechazo y me dieron lugar a pedir una reconsideración. Mi visa fue rechazada porque mi empleador no dio suficientes pruebas de que intentaron contratar a un neozelandés antes que a mí, y para la visa en particular para la cual yo estaba aplicando, eso era un requerimiento fundamental. 
El Gerente de la Orchard se llama Paul Jameson. Algunos lo odian, otros lo entienden. Cuando yo le pedí  un contrato largo para poder quedarme en el país, explicándole la situación en Argentina y porqué no quería volver, el tipo me entendió y me dio un contrato permanente en la empresa. El cual igual me lo gané absolutamente ya que trabajé duro, y todos los jefes que tuve me querían en su equipo.  Pero de todas formas le estoy total y absolutamente agradecido. Después del rechazo del primer intento de obtener la visa,  volvió a ayudarme, y una chica de RRHH preparó una serie de papeles para probar que verdaderamente intentaron contratar a un kiwi antes que a mí. Mandé la aplicación pocos días antes del vencimiento de mi visa WH. Gracias a ello me dieron una visa temporal hasta que se resolviera mi nueva aplicación para la visa. Así, mientras tanto podía quedarme en el país y seguir trabajando, y así lo hice. 
Ahora entenderán como me quedé tanto tiempo, siendo mi visa original sólo por 15 meses. ¡Siempre legal! Pero como siempre, no me gusta contar nada hasta que no sea confirmado, por eso no les conté antes que pasó después de que el primer intento de obtener la visa fue rechazado.
En los primeros días de Diciembre recibí una carta de ellos. En ella decía que según el estudio de mercado sobre mi puesto de trabajo, no eran necesario extranjeros, era muy difícil que me otorgaran la visa. Pero me decían que podía mandar algo que ayude, y mandé una carta nomás. En la carta explicaba mi experiencia previa en la horticultura en Argentina. Más que “explicando” diría “inventando”, pero al caso es lo mismo.
A pesar de que mi experiencia me calificaba para ejercer prácticamente el cargo de Ministro de Agricultura y Ganadería, decidieron que de todas formas no me iban a dar la visa, y me lo hicieron saber a través de otra carta que recibí el viernes 21 de diciembre.

“¡Feliz navidad Sr. Esain!, por favor abandone el país sino lo deportamos. Muchas Gracias.
Santa Claus (Papá Noel)
Immigration New Zealand”




El hombre cochambroso y la Ratasaurio



 La Ratasaurio es un ser que fue visto merodeando las inmediaciones de mi casa. Eso fue antes de la invasión de moscas.
Ratas gigantes y ejército de moscas no suelen ser una señal de limpieza. Imagínense vivir con un basurero que se trae su trabajo a casa. Yo no estuve muy lejos de eso.
Sé que me quejaba de la soledad de la casa en medio del campo, lo sé, pero acá el karma se fue un poquito al carajo.

De vivir sólo pasé a vivir con un viejo enfermo de la limpieza. Los que me conocen saben que no soy Mr. Músculo, ni mucho menos un Cif, sino más bien un Querubín; te limpio pero hasta cierto punto, queda todo aceptable pero tampoco te dejo la casa brillando reluciente. Para resumir, el viejo bastante amargado, pero respetuoso. Aunque un par de veces trajo a su novia maorí, y el andaba como si nada en short sin remera, y créanme que no es tan agradable ver paseandose por la casa a un cuarentón panzón en cuero con su novia maorí.  Quiera o no con él en la casa tuve que acostumbrarme a dejar todo reluciente, antes como estaba sólo tenía un poco más de libertades. 
Por si no fuera poco cayó otro pibe. Un kiwi de veintipico buena onda. Jugador de rugby, me llevaba unos pocos centímetros de altura y unos cuantos kg de ancho. Una de las cabezas más grandes que vi en mi vida. Mientras el viejo, cuyo nombre no me acuerdo, estuvo en la casa, estaba todo en orden, si bien a mí y a el pibe, Cailin, no nos caía del todo bien. Por suerte se fue, y yo fui feliz. 
Pero resultó ser que Cailin era el famoso hombre cochambroso, término utilizado por el Sr. Sakugawa  y que hoy me tomo la libertad de robar porque le viene perfecto al hombre este en cuestión. Empezó de a poco, no lavando los platos a la noche. Está bien, estaba cansado, entendible. Yo mientras tanto los lavaba siempre después de comer. Cuando empecé a ver que no era sólo por una noche, empezó a molestarme. A la semana había una pila de platos sucios en la cocina, después ví que había otra pila igual en su habitación. Le pedí que por favor limpiara porque ya era un asco, dijo que sí, nunca lo hizo. Usaba tres cosas por noche, lavaba una. Empezaron a aparecer moscas, de a una. Un baño tuve que dejar de usarlo porque la tapa del inodoro era un lago de pis, por suerte había otro. Empecé a perseguir moscas y llevarlas a la ventana para echarlas. Empecé a tener que lavar sus platos para poder comer porque ya no había más. Empecé a contar la cantidad de moscas que había en el living. Podía armar un plantel de fútbol y jugar contra las moscas de Nelson.
La Ratasaurio yo no la conocí, pero me han contado de ella. Tanto el viejo como Cailin la vieron merodeando por la casa. Según la descripción que hicieron de la misma, desarrollé un identikit:

La Ratasaurio



La bola de nieve (o mugre) fue creciendo hasta que le tuve que decir al dueño de la casa. A la semana me llegó un mensaje del dueño que la mujer fue a la casa y se fue llorando porque era un asco, y que debíamos reunirnos esa misma tarde. EL dueño hizo una revisión, ¿y saben que hizo Cailin? Me echó la culpa a mí. Casi lo mato. Igual por suerte era obvio que no era yo. Con sólo echar un vistazo a su auto y a su habitación era más que obvio. Además yo hacía como 4 meses que estaba ahí y siempre la casa estuvo bien. Por suerte al poco tiempo se fue y quedé sólo al fin. Dulce, dulce soledad. 


Cochambroso: adj. Lleno de suciedad o porquería:



Nuevo viejo formato

 

Decidí volver al viejo formato de actualizaciones cortas y más seguidas, asique doy esta por terminada, y prometo que pronto viene la siguiente. Me retrasé un poco con esta por obvias razones. La última edición la subí sólo dos semanas antes de volverme a la Argentina, entre la mudanza, y las despedidas no tuve tiempo para sentarme a escribir. Luego, una vez llegado…mm no quiero adelantar nada, esa parte va a venir más adelante. 
Les doy un pequeño adelanto de temas a tocar en las próximas ediciones (que saldrán pronto, en serio):



-          Último mes en Waimea Nursery, con distinto trabajo, el mejor de todos los que hice en NZ.


-          Cerveza y rumba en Nelson con el venezolano. Otra kiwi para agregar a la lista.



-           Las visitas a Motueka


-          Navidad en casa con los checos, suecas, italiana, uruguayo, venezolano y argentinos. Uno terminó abrazado al inodoro.

-          Año nuevo en Golden Bay al ritmo del reggae roots. 

-          Mudanza a Nelson y últimas semanas en Nueva Zelanda.

-          Despedidas y tramping en las sierras de Takaka. Tramping es una mezlca de trekking y camping.

-          Inesperado regreso a la Argentina, bienvenida, y primeras semanas en el horror de Buenos Aires.

-          Reflexiones de un viaje y un regreso.

-          Fin the The Kiwi Life.