lunes, 2 de octubre de 2017

The Squirrelife. Dia 2 de 365.

Dia 2 de 365 - 2 de Octubre de 2017, Kensington Market, Toronto, Canadá

Si bien recién empieza el segundo día, ya lo cambió todo. Había escrito bastante ayer por el primer día, pero hoy quiero pasarlo rápido para llegar a hoy. Ayer fue un día algo extraño, después de no dormir en toda la noche, me la pasé caminando por Toronto impulsado por la energía de un nuevo lugar y de todas las ardillas que vi (Squirrelife = Vidardilla). Pero lo cierto es que estaba completamente agotado. Fue un día muy largo (doble, no dormí el sábado a la noche). Preparar un viaje así y hacerlo es extremadamente agotador tanto mental como físicamente, y así sin descanso y sin punto de quiebre entre una vida y la otra, entre un mundo y el otro, y todo lo que hubo en el medio, no terminé de entender qué estaba pasando. 

Me acosté antes de las 10 pm y caí casi automáticamente inconsciente. Hoy me levanté 7:15, desayuné y salí a caminar por el barrio hasta que abriera Service Canada donde iba a pedir mi número SIN (Número de Seguridad Social) para poder trabajar. Hoy fue diferente. Hoy empecé acá de cero, es como cuando usas la compu mucho tiempo sin parar (dos días seguido) y a todo culo, la apagás y al día siguiente arranca, carga el Windows de cero y funciona mejor. Algo así fue, hoy empecé de cero acá y hoy pude entender realmente que llegué, y que estoy en Canadá. Me es difícil hablar objetivamente ahora porque todo conlleva un montón de sentimientos. A medida que caminaba por las calles del barrio entre casonas increíblemente hermosas con jardincito adelante quedé absolutamente fascinado. Giré a derecha, giré a izquierda y cada calle era más linda que la anterior. Me paraba en las esquinas a admirar y tuve que aprender a no hacerlo porque cada auto que pasaba se quedaba esperando a que cruce y tenía que hacerle señas para que pase tranquilo. Vi perros, gatos, ardillas, adultos sólos, adultos charlando en una vereda, perros acompañados de sus humanos, chicos en bici, y chicos caminando sólos yendo a la escuela. Vi los típicos micros escolares amarillos de las películas pero en versión bonzai. Vi casas que se notaban eran nuevas y otras viejas que de tan sólo verlas te daban ganas de sentarte en la entrada a leer un libro. “Vení, ponete cómodo, tomá, lee esto que te va a gustar”. Casas impecables y casas venidas abajo y aún así mágicas y maravillosas. Quería comprarlas y arreglarlas todas. En cada casa que estaban refaccionando, me asomaba a ver si lo veía a Jonathan Scott (ver “Hermanos a la Obra” por H&H). Cuadras llenas de árboles y casas del mismo estilo una al lado de la otra. Llegué a una escuela con un parque enorme con canchas de básquet y otras cosas que no llegué a ver porque no podía parar de mirar los aros y las redes. No pude sacar ninguna foto. Estaba como en un trance, conectado con todo lo que veía, con un mundo nuevo y no quería romperlo, no quería dejar de mirar cada detalle de cada cosa que tenía al alcance de la vista. 

Por primera vez me sentí realmente en Canadá. Cuando me alejé del centro, de las torres, de lo turístico y me adentré en lo real. Me ponía y me sacaba los anteojos de sol según si quería ver bien todo, o si la cara se me torcía por las sensaciones que me afloraban de adentro y no quería que la gente viera ni mi cara de asombro, ni los ojos llorosos, ni otros gestos incontrolables. La diferencia entre ayer y hoy es la misma de cuando ves a una persona hermosa, y cuando te enamorás. En nada, en una noche de diferencia, en una caminata de 45 minutos por un barrio cualquiera de Toronto, pasé de ver una ciudad nueva, un país nuevo, una cultura nueva, un mundo nuevo, a ser parte de él.

Llamé a un gato que no se acercó, toqué la reja baja de una casa para sentir que realmente estaba ahí, nos miramos a los ojos con una ardilla negra por un buen momento y después me vino a investigar más de cerca, yo encantado. Vi un perro negro hermoso y peludo atado a un árbol en la puerta de la escuela pero no me animé a ir a abrazarlo y tocarlo como quería porque no se como son las reglas sociales acá sobre los perros ajenos, y no quiero molestar a nadie. Por eso ya no me paro en las esquinas a boludear, y ni siquiera cruzo la calle aunque no haya autos en cientos de metros a la redonda hasta que el muñequito no se ponga en blanco. Agradezco a todos los que me dejan pasar aunque no haga falta. Es todo tan “perfecto” que da miedo tocarlo a ver si se rompe. No quiero hacer nada que pueda perturbar el balance perfecto. Da la impresión de que la amabilidad es más fuerte que el mal humor o las ganas, porque me crucé gente divina y con buena onda, y otros que no tenían un buen día, pero que al bajar la escalera mecánica del subte entre el aeropuerto y la ciudad vieron que llevaba una mochila y se acercaron para decirme que daba lo mismo el andén izquierdo o derecho porque ambos iban hacia el este. Yo de mal humor evito a la gente, ella de mal humor pensó que quizás un mínimo de información podía serle útil a un viajero desconocido. Aunque por ahora abrí varias veces el mapa y nadie vino a preguntar si necesitaba algo (punto para Wellington). Pero...ardillas (punto para Toronto). Welligton 1 – Toronto 1.



No quiero parar un segundo. No quiero quedarme más de lo mínimo indispensable en el hostel o en el cuarto. Miro por la ventana y es como estar sentado al pie del árbol y ver por el agujero el País de las Maravillas, querés saltar ya y rascarle la barbilla al gato (es raro, pero sigue siendo un gato). Quiero caminar por cada calle que veo, doblar en cada esquina, tomar un café en cada café, una cerveza en cada bar, quiero comer en cada puesto callejero, quiero subirme a cada edificio y mirar el paisaje, quiero hablar con cada persona para que me cuente su vida, quiero chamuyarme a cada mina que veo, quiero acariciar a cada perro que veo (eso no es nuevo igual), quiero todo, quiero cada cosa, no quiero parar. Viajar es como una droga, y es igualmente adictivo.

No sé aún que voy a hacer mañana. Qué digo? No sé ni qué voy a hacer después del mediodía. Lo único que sé es que esta semana me voy para Montreal, Toronto se me hace muy Auckland y por eso quiero escaparle rápido. Estoy seguro que hay ardillas por todo el país. Le agregaría a wikipedia la densidad de población de ardillas por ciudad, así me ayuda a decidir a dónde quiero ir a continuación. Admito que estoy obsesionado con ellas. Las quiero adoptar a todas.




Esto recién empieza. Día 2 de 365. En Ardillalandia

Los dejo con algunas fotos de ayer.

La primera vista de Toronto ni bien salí del subte. 

Downtown Toronto. el Centro.

Waterfront. Parte de la costanera.

Era obvio que le iba a sacar fotos a los pájaros locales. Acá un pato y una gaviota debatiendo sobre la pesca del día.


Otra parte de la costanera

jueves, 17 de agosto de 2017

Six ans

Hoy estoy de muy buen humor. De tan buen humor que hasta quizás les cuente algo muy importante. De tan buen humor que voy a dar vueltas antes en vez de contarlo directamente, como suelo hacer. Pero, para que no hagan trampa, no va a estar al final, sino que van a tener que leer todo para darse cuenta.

Hoy es un día precioso. Sol, calorcito, como si fuera primavera. Amo la primavera, me cambia completamente el ánimo, asique va a ser una lástima que no esté acá para disfrutarla. Bueno, en realidad tengo 9 días y medio de primavera, y pienso aprovecharlos al máximo. Hoy también lo aprovecharía, pero como estoy terminando de recuperarme de una suave, suave gripe, prefiero guardarme un par de días más. Por lo menos miro por la ventana y me imagino jugando afuera en el pasto. Eso suena más triste de lo que pensé. Sigamos adelante.

Cada tanto me gusta pensar en efemérides propias, o sea, que estaba haciendo un día como hoy hace X cantidad de años. La memoria no es mi fuerte, así que esa X no puede ser más que 6 o 7. Y qué casualidad, justo quería hablar de Agosto del 2011! (X=6)

El 17 de Agosto del 2011 me encontraba en Auckland, en mi catorceavo (14°) día en Nueva Zelanda. Era miércoles, un día soleado pero algo fresco (máxima 11°C). Para esa altura estaba empezando a darme cuenta de que todo era real y no parte de un hermoso sueño que iba a terminar ni bien me despertara una mañana en Buenos Aires para ponerme la camisa e ir a unos de los peores trabajos que tuve en mi vida, CTM. Igual cada mañana temblaba un poquito antes de abrir los ojos, y suspiraba aliviado al ver ese pequeño cuarto sin ventanas del hostel aucklaniense (?). Las dos semanas anteriores consistieron básicamente en pasear todo el día, y salir toda la noche (o lo que se entiende por toda la noche en NZ. Todo cierra a las 3.30 am). Ya era hora de empezar a decidir que iba a hacer, si alquilar un depto ahí mismo con algunos amigos que conocí al llegar, o si acudir al llamado de Naty que me esperaba en Wellington. El deseo de una nueva aventura fue mayor, y así a los dos días me decidí y saqué los pasajes para la capital kiwi.




Se habrán dado cuenta que esto supera en creces la capacidad de mi memoria, acudí al post del 19/8 de TKL. (Consejos de supervivencia en Auckland ante la falta de trabajo).

No sabía absolutamente nada de lo que me esperaba ni en Wellington, ni en el resto del viaje. Recuerdo esa sensación de ser el recién llegado y el encontrarte con gente que ya llevaba mucho tiempo ahí y preguntarles todo lo que se te podía ocurrir. Hoy, ya habiendo pasado todo, y hace mucho tiempo (no llores Facundo), puedo adelantarles un poco que pasó.

Sí, ya sé que saben todo lo que pasó. La mayoría de ustedes ya leyeron todo The Kiwi Life antes, pero!, pero, estoy seguro que no lo releyeron 100 veces desde entonces como yo lo hice (No llores Facundo).

En Wellington encontré un lugar que ni en mis mejores sueños utópicos podría haber imaginado. Aún recuerdo esa fría, fría mañana cuando Nati se suponía que tenía que irme a buscar a la estación de tren porque yo no sabía el camino (ni la dirección de la casa), y me hizo esperarla 40 minutos (ella vivía a 15 min de la estación, yo viajé 11 horas y llegué a tiempo). Llegué a la casa, y fui conociendo a mis futuros flatmates (pronúnciese “flátmeits”, compañeros de casa). Y cómo olvidar al chileno ilegal que los estafaba y hablaba como cubano! Duró poco igual, al poco tiempo desapareció sin dejar rastro e hizo que nos convirtiéramos en CSI por unos días. Wellington fue una de las etapas más maravillosas de mi vida. Toda la gente de esa casa era...no quiero decir loca, pero no me sale mejor palabra….particular? Puede ser. Tanto como yo por lo menos. En la ciudad del viento lavé platos cual pulpo supersónico, vi algunos partidos del Mundial de Rugby, estuve en los festejos cuando lo ganaron los All Blacks (sorpresa, sorpresa), paseamos mucho, y amé la vida como nunca. Pero, era un viaje, no me iba a quedar para siempre ahí.




Y así partí al sur. Cruzamos en ferry, manejé en estado total de pánico por el lado contrario de la ruta y con el volante del lado opuesto al borde de un precipicio. Hundí mis pies en la arena de la playa más hermosa que ví hasta ese momento, perdí mi billetera 2 veces y me fue devuelta llena ambas veces por la policía, me compré una camioneta vieja, pasé unas navidades épicas con los Miles y el Gordo en Nelson, hicimos road-trip, nos instalamos en Cromwell. Jugé al fútbol con Vanuatus (dícese de las personas nacidas en Vanuatu. Es un país. En serio), me comí la mitad de la producción anual de cerezas de la empresa donde trabajaba, hicimos el mejor road-trip de la historia con el Gordo, Kozué (japonesa), y Ben (inglés) en la camioneta. Y llegamos a Motueka para disfrutar de los últimos dos meses del verano. Que se extendieron hasta pasado el invierno. Junté manzanas cual mono araña, jugué al fútbol en el equipo de la ciudad cual J. R. Riquelme (sí, así de malos eran todos), exploré toda la región a más no poder, tuve un romance con una kiwi más grande que yo y mamá de una nena de 9 años a quién bañé en gasoil por accidente una vez mientras le llenaba el tanque a la camioneta, fui extra en el Hobbit y me sentí Elijah Wood por unos días, casi muero en la explosión de una cocina (eso fue en Wellington pero me olvidé de ponerlo antes), hice amigos y más amigos, y más amigos. Me senté en el “porche” trasero para ver mil atardeceres, escuchar mil canciones, tomar mil cervezas, y charlar una y otra vez con todos los compañeros de casa.


And the sign said "long haired, freaky people...need not apply"


Fui feliz! Cada día era un regalo. Cada mañana me levantaba y era feliz tan sólo de despertarme ahí (igual mi cara y mi humor reaccionaban unos 45 minutos más tarde, pero la alegría interna ahí estaba). Todo tiene un fin, y ese viaje también lo tuvo. En cierta forma, en cierta otra no.

Volví a BA. Me perdí, me desoriente, me deprimí, me confundí, me recibí, me operé la vista, y me fui de vuelta. Brasil…..na nara nara nara naaaaa♫. Pelo afro, zunga negra, ojotas hasta para salir a pasear, más brasilero que los brasileros. Río, calor, samba, baile, morro, subida, bajada, monos, tucanes, más monos, coixinhas de frango, capirinhas, más caipirinhas, aún más caipirinhas, bondinho, fuchibol, Santa Teresa, ey Valderrama! (así me decían cuando jugaba al fútbol), playa, mar, vistas increíbles. Río básicamente.



Carioqueamos un poquito por aquí, carioqueamos un poquito por allá, y también argentineamos bastante, obvio. Mundial! Alemania-Portugal y Francia-Suiza en Salvador de Bahía. Reencuentro con los Miles también en Bahía y deseos desesperados de que meterme en sus valijas y volver con ellos a Nueva Zelanda. Argentina-Suiza en São Paulo, y los demás en la playa de Copacabana. Salvo el 7-1 de Alemania-Brasil que lo vi en el hostel con un gran grupo de brasileños (mezcla de lástima y risa, lastirrisa)

Otro hostel! Pero esta vez uno propio. Nos mudamos. Favela, Vidigal, açaí con granola. Pintura, pintura, dios tanta pintura. Renovación completa, compras, reequipar. Sistemas, trabajo. Dios cuánto trabajo! Abrimos. Un éxito. Reveillon en Copacabana (Fiesta de año nuevo. Todos de blanco. Playa, fuegos artificiales. Una locura). Carnaval. Más éxito. Mucho trabajo. Muchísimo trabajo. Sin descanso, sin paseo. Sin descanso y sin (Santa) Teresa, Facu pierde la cabeza. Visita materna, una muy necesaria. 1 semana de luz en Ilha Grande. Visita de Euge. Robado por la policía militar. Amenazados de muerte por la Policía Militar. Parado sobre una roca. A un paso del precipicio. Abajo más rocas, mar. Atrás un policía con rifle diciendo que me va a empujar. Chau Facu? No, no, aún hay Facu para rato. Ayahuasca. Ayahuasca de nuevo. Ayahuasca una vez más. Ayahuasca una última vez. Explosión de cabeza. Resolución de mil asuntos pendientes. Nuevo Facu. Hola nuevo Facu! Río ya no me hace feliz. Chau Río.


Despedida de Río


Hola Buenos Aires! Buen laburo, Córdoba, Corrientes. Visita de holandesas conocidas de Río. Renacer de un viejo “enamoramiento”. Visita de los Miles, bajada de caña sin códigos (valió la pena). Nuevos sobrinos y sobrinas. Amor por ellos. Adiós Tomi, nunca pensé que una bolsa de pulgas amarilla podía tocarme tanto y dejar un hueco enorme; por suerte estuve acá y no lo sufrí a la distancia. 

Pero ya no soy el que era cuando me fui allá por el 2011. Viajar te cambia. Para siempre. No tenés idea cuánto. No sólo vos, la gente más cercana también; mis viejos. Hola nuevos viejos!

Es la primera vez en mi vida en la que realmente soy feliz con quién soy y en quién me convertí. Los dos viajes fueron extremadamente diferentes. Pero si hay algo que aprendí, es que aún tengo más viajes por delante. Mil aventuras más. Da tanto miedo. Pánico, cada vez que me embarco. Pero más miedo me da no embarcar y no seguir haciendo lo que me hace feliz, lo que me llena. Años de confusión. A dónde voy? Qué hago? No sé. No sé. QUÉ HAGO???? Meses de investigación, miles de opciones. DESESPERACIÓN. Esta, es esta, algo en el fondo de mi alma me dice que es esta. Pedido de visa. Error, no sale. Pedido de nuevo. Miedo. Aprobada. Más miedo. Más tranquilidad también. Igual no me voy hasta dentro de un año. Y el año se pasa rapidísimo. Un año. 10 meses. 8. 6. Ya? Medio año? En serio? No, no caigo. 4. 3. 2. 45 días. 43 días, y acá estamos.

Sí. En 43 días me voy de nuevo. Exactamente a donde quiero ir. Exactamente a donde quiero pasar mi próximo año. Suena irreal. Hace más de 6 años que no me siento así. Hace más de 4 que espero algo así. Y la incertidumbre fue siempre lo más difícil. Quizás suene estúpido, pero no tienen idea lo que fueron esos años de espera. Y ahora está al caer. Soy yo el que todavía no caigo. 42 días, 21 horas. 42 días, 20 horas, 59 minutos.

Sí. Me voy de nuevo. Pánico. Felicidad.


Algo de música para ayudar a digerir la noticia.




viernes, 1 de abril de 2016

Amo los aeropuertos


Amo los aeropuertos, amo viajar, amo... bueno, ya todo eso lo saben. Pero es cierto, los aeropuertos me generan algo increíble. Sea yendo a un lugar nuevo o volviendo a uno viejo, me siento como un nene a las 11:55 pm del 24 de diciembre. Y así, extraño ese sentimiento el resto del año. Por eso, para que yo sea feliz quedándome en un lugar, tiene que ser un lugar que me enamore cada día. Tiene que ser un lugar que al despertarme y recordar que estoy ahí, sonría a pesar de tener los ojos secos e hinchados, y de tener el usual mal humor que me acompaña cada mañana (y sólo los que vivieron conmigo saben la magnitud de mi mal humor mañanero). Tiene que ser un lugar que cada día me empuje a salir, y a sonreír por el sólo hecho de estar ahí.

Desafortunadamente, Río de Janeiro ya no hacía eso por mí, y por eso decidí irme. Se imaginarán que no fue una decisión fácil, pero hace tiempo que aprendí a escuchar lo que mi corazón tiene para decir, y el mensaje ahora fue claro. Eso me llevó a cada experiencia increíble de mi vida, nunca se equivocó, y cuando las cosas no salieron bien, fueron justamente porque no lo supe escuchar.

Así en dos días decidí irme. Un lunes a la mañana lo decidí, un martes a la noche me subía a un avión. Rápidamente tuve que elegir que traía conmigo y que no, ya que todo lo coleccionado durante un año y medio, y una pasada por Buenos Aires no entraba en mi valija. Tuve que correr a cerrar cuentas bancarias y teléfonos. De pronto vi que todo lo que estaba haciendo, cada lugar por donde pasaba, iba a ser la última vez que lo hiciera en quién sabe cuánto tiempo. De pronto vi que ese lugar que supo ser mi hogar, y esa gente que supo ser mi familia, mis amigos y mis compañeros de trabajo quedaban ahí y no entraban en la valija. Me estaba yendo sin saber exactamente a dónde, sólo sabía que me iba y que estaba cerrando una etapa gigante en mi vida, sin tener idea de cómo iba a ser la siguiente. Una charla inesperada con una persona increíble que conocía hacía poco, mientras comíamos unos "pão de queijo" con "açaí" en mi barcito preferido, en mi barrio preferido de Rio de Janeiro, me hizo darme cuenta qué tengo que hacer. Era obvio, siempre lo fue, sólo que durante mucho tiempo elegí no escucharme a mí mismo.


Aterricé en Buenos Aires y decidí tomarme un tiempo para descansar (merecidamente) y disfrutar de la familia y los amigos. Llegué un jueves y la ciudad (o mejor dicho su gente) me recibió de la mejor manera que podía recibirme, y así supe que había hecho bien.

Realmente no sé qué va a pasar, ni cuándo. No sé cómo me va a salir todo, pero sé lo que quiero y voy detrás de ello, así, sé que todo va a salir bien. Elijo una vez más el camino de lo impredecible y de seguir mi instinto, y me encanta.


En Buenos Aires hasta próximo aviso.


Rio de Janeiro



Largo do Curvelo, Santa Teresa
Largo do Guimarães, Santa Teresa



Açaí con Granola
Largo do Guimarães con Rian

Nati Limão






Buenos Aires



viernes, 6 de febrero de 2015

Flashback 8 meses, toma II


Hoy me puse a leer artículos viejos del blog y me encontré con uno en especial “Flashback 8 meses”. Esa actualización la escribí el 30 de marzo del 2012, en mi entonces casa de Motueka, a una semana de cumplir 8 meses en Nueva Zelanda.

Puedo decir que el timming es impecable, ya que hace casi una semana cumplí 8 meses en Brasil y, además de eso, en las últimas semanas vine llorando por los rincones por nostalgia de NZ.

No tenía pensado hacer un resumen del viaje hasta ahora, pero creo que estaría bueno hacerlo, ya que serviría de una comparación que en realidad no quiero hacer, pero que de todos modos siempre estoy haciendo.



05 de febrero de 2015, 11:55 am – Recepción del Hostel Favela Experience Vidigal, Rio de Janeiro

Flashback 8 meses, toma II

Este es el segundo viaje de mi vida y, como tal, las circunstancias y expectativas al comienzo del mismo fueron muy diferentes al primero. En el primero mi viaje se dio por muchas razones puntuales: el descontento total con mi vida en Buenos Aires, mi sentimiento de estancamiento, la falta de fuerzas para cambiar tantas cosas que necesitaba cambiar, una necesidad imperiosa de un cambio de ambiente total para descubrir quién era yo realmente (y eso daba miedo, mucho miedo) y principalmente, para cumplir un sueño.

Si tengo que explicar mis razones de por qué vine a Brasil, son a la vez más simples, y más difíciles de encontrar. En primer lugar, continuidad al primer viaje. Éste había dejado un saldo 100% positivo en todos los aspectos posibles de mi vida, y sabía perfectamente que tenía que continuar, dar un paso más al vacío. Por otra parte aún no había podido terminar de procesar lo que había sido el primer viaje, había cosas que estaban dando vueltas dentro de mí que aún no había podido ordenar. En el primer viaje me había encontrado a mí mismo, libre de todo, libre de poder ser yo, con mis aciertos y defectos, y de estos últimos aprendí mucho para mejorarlos y mejorarme. Pero al volver a la Argentina me perdí de nuevo, fue un golpe durísimo y no pude tomar todo eso que había aprendido, perdí mi libertad, y me perdí de nuevo. Por eso necesitaba volver a salir, y así lo hice.

Vale aclarar que en realidad vine a Brasil por el mundial sin saber que iba a pasar a continuación, sin idea de quedarme, irme, volver, nada, no lo sabía, entonces tampoco tenía claras mis expectativas. Sólo tenía la idea de seguir viajando por Sudamérica con Ben.

También tengo que admitir que en Nueva Zelanda fui feliz como nunca lo había sido, y quise repetirlo acá. Lo cual no está tan bueno, ya que vine con unas expectativas gigantes, intentando llenar una mochila muy difícil de llenar, tanto por el lugar a donde vine, como por ser el segundo viaje, y no ya el primero, y créanme que hay un abismo de diferencia entre uno y otro.

Basta con ver las entradas de un diario personal que venía llenando una vez cada tanto, para darse cuenta que nada del viaje llenaba mis expectativas. Arrastraba aún una confusión enorme, no sabía que quería y, sea lo que fuere, no lo estaba encontrando. No me maravillaba con un mundo nuevo, mi cabeza no sólo no se aclaraba, sino que se confundía aún más a la sombra de unas expectativas inalcanzables y una nostalgia que no daba tregua. No llevaba un mes acá que ya quería dejar todo e irme a Nueva Zelanda. Fue peor aún cuando me tuve que despedir de Trace y Chris después de encontrarnos en Salvador.

Volver y establecerme en Río fue al comienzo una bocanada de aire muy necesaria. Fue mucho más cercano a lo que estaba buscando y lo disfruté, muchísimo. La vista se me aclaró, y comencé a verme un poco más. Todo esto fue para la época del mundial, cuando conocí mucha gente, me hice de muchos amigos y con ellos iba de acá para allá. Se acercó mucho al gusto dulce que me había quedado en el paladar antes.

No duró mucho, quizás lo necesario para salir de esa confusión y volver a mi camino. Después de eso todo se complicó un poco, pero esa complicación derivó en el proyecto de Favela Experience.
Arraial D'Ajuda
Este proyecto es, antes que nada, un desafío enorme. Algo totalmente nuevo en un mundo que no lo era, y eso también lo estaba necesitando. Me dio una oportunidad de enfocarme en un plano en el cual aún no había ahondado. Nueva Zelanda fue un viaje cuyo enfoque fue lo personal, yo mismo como persona, un descubrimiento de quien soy, mis filosofías, mis sueños, y que quería hacer con mi vida. Esta nueva etapa del viaje a Brasil daba un enfoque en lo profesional.

Hubo un hecho en particular cuyo enfoque se volvió de nuevo a lo personal, y eso fue la experiencia con la ayahuasca, la cual ya describí en la pasada actualización.

¿Qué aprendí en este viaje? El aprendizaje y crecimiento fue mucho más lento y en menor cantidad, pero eso es entendible. El viaje anterior había sido una mesita, una escalera para llegar a donde estoy hoy, y ahora estoy revisando lo que está a mi alcance. Sabía que Brasil no es Nueva Zelanda, y aún así me amoldé y me adapté a una realidad diferente. El ritmo de este viaje fue, hasta ahora, mucho más lento en cierto sentido, y mucho más frenético en otro, creo que los sentidos opuestos a los que yo quería. Fue lento en donde lo esperaba dinámico, y fue frenético donde lo quería tranquilo. Si esperaba encontrar un Nueva Zelanda en Brasil, estaba condenado a fracasar, y creo que ese fue mi mayor error.

Sí, la realidad de mi viaje actual está muy lejos del anterior. Desde el comienzo, este, me costó mucho mas, en el otro todo había fluido a un ritmo increíble.

Como siempre dije es muy difícil analizar las cosas desde adentro, donde el panorama es muy limitado, pero estoy seguro que todas las dificultades y frustraciones de este viaje son algo necesario, de lo cual también estoy aprendiendo sin darme cuenta. Me estoy endureciendo en donde era blando, me estoy haciendo fuerte donde era débil y hasta estoy viendo que puedo ser fuerte en esas cosas donde antes no sabía si podía serlo.

En un viaje los mensajes y comunicaciones con mi mundo porteño eran casi todos de felicidad absoluta y las actualizaciones del blog estaban contagiadas de eso. Describí un mundo increíble tal como lo vivía y lo sentía. Trasladé mi enamoramiento a otras personas a través de los textos. En mi blog hice de Nueva Zelanda un paraíso terrenal, porque fue así exactamente como lo percibí, e hice de mi viaje una experiencia maravillosa, porque así lo sentí.

En este viaje cerré el blog porque no pude plasmar eso, porque no pude percibirlo. Pero creo que este viaje es tan necesario en mi vida como fue el anterior. Es un camino más empinado y menos vistoso. El disfrute es menor, pero confío en que el aprendizaje y crecimiento sea en los aspectos y cantidades que estoy necesitando, después de todo se aprende más de los errores y las experiencias difíciles que de las buenas. Y quizás eso sea Brasil para mí.

En los tiempos malos de mi viaje anterior también me era difícil ver lo bueno que sacaba de ello, pero con tiempo lo podía ver, una vez pasado el mismo.

Es momento de darle una pequeña virada. Como ya dejé claro, no gozo de Rio como sí gozo de otros lares, sé por ello que Río es una etapa temporal, y que no voy a vivir acá. En el último mes sí aprendí muchas cosas. No es fácil poner un negocio propio con dos personas que conocés poco. No es fácil cambiar esa forma de trabajo de empleado, de cumplir horario y cumplir con lo básico sólo para terminar e irte a casa a disfrutar del dinero que ganaste, a llevar adelante tu propio emprendimiento. Es agotador por demás. Pero al mismo tiempo ver cómo crece y ver como a la gente le encanta lo que vos hacés es más que reconfortante.

Creo que la diferencia se da en que el crecimiento y aprendizaje de este viaje, se da en un aspecto de mi vida que es menos prioritario, para mí, al que tuve en el viaje anterior, entonces se siente menos. Pero no por eso es menos necesario. Son dos caminos que conducen a un mismo lugar, dos aportes que confluyen al final en lo mismo, por lo que, tarde o temprano, necesitaba pasar por esto. Los aportes de los trabajos a mi carrera que hice en Nueva Zelanda fueron mínimos, acá son por lo menos trascendentales y por eso estoy aún acá.

Sé que estoy donde tengo que estar, y haciendo exactamente lo que debería estar haciendo, y quizás aún ese enfrentamiento constante con la nostalgia es necesario para un crecimiento, y es una batalla diaria. Hace poco escribí una actualización que aún no sé si voy a publicar, en donde decía que la felicidad no depende del dónde, ni del cuándo, sino del cómo, y ese cómo depende de nosotros. Cómo vemos, cómo percibimos, cómo nos tomamos las cosas. Ese es un cambio mental que aún necesito completar.





Yapas

 - Este es el post anterior al que hacía referencia: "Armóse" (Busquen el segmento "Flashback 8 meses") (si no pudieron entender como llegar al post anterior, hagan click sobre "Armóse") (no, sobre ese "Armóse" no, sobre el primero que está en azul) (sí, ese)

 - El aporte musical del día:

Hay una canción que tiene el curioso efecto de transportarme a un momento pasado, en otro lugar. Si leyeron las "Musicologías" verán que eso no es extraño, lo extraño es que esta canción toca y remueve recuerdos con los que nunca tuvo contacto alguno. Me lleva a momentos que pasaron años antes de escuchar esa canción por primera vez. Es una canción hermosa, de un músico increíble, con un toque hipnótico. De hecho, es difícil que no te lleve a otro lugar.



miércoles, 31 de diciembre de 2014

Cierre de año


Hoy hice algo que hacía rato no hacía. Salí a correr (no me refería a eso), y gracias a la muerte auto diagnosticada de mis gemelos, me senté en el posto 9 de Ipanema a tomar un agua de coco. Y me quedé tranquilo pensando (a esto me refería). La noche estaba calurosa sí, pero corría un vientito de mar hermoso.

Este 2014 fue un año loco, increíble pero loco. Si me pongo a pensar todo lo que pasó, y lo cuento, hay cosas que nadie las creería. Fue un año increíble, pasaron cosas que marcaron mi vida. Y no me refiero al mundial, eso fue probablemente lo de menos.


Sé, y sabía que estaba mal comparar, pero me era muy difícil no comparar este viaje al anterior. El comienzo de Brasil no fue lo que esperaba en lo más mínimo. Nueva Zelanda empezó con todo, todo era nuevo, todo era increíble, y lo “peor” fueron los últimos meses. Acá Brasil empezó complicado. Durante los primeros meses llevaba un diario, y todas las entradas coincidían con momentos bajos. Eran más de descarga que otra cosa, estaba total y absolutamente confundido. No sabía qué hacer con mi vida, no sabía que hacía en Brasil, el dinero que tenía no me iba a alcanzar para sobrevivir a la copa del mundo, y encima todavía no había cerrado, en lo personal, la etapa de NZ.

Por esto me refiero a que no había terminado de procesar todo lo que había pasado y los cambios en mí. Tenía un estado de confusión total. No sabía si seguir viajando, si volver a Buenos Aires, ni qué hacer con mi vida si en definitiva hacía eso.

Pero todo eso era necesario, sólo que muchas veces, uno no lo ve en el momento. Todo se ve mejor a la distancia, con mejor panorama. Y si bien en todo ese momento todo era difícil y hubo que remarla muchísimo, hoy al final del año veo que fue todo como tenía que ser.

Hay dos palabras que me llevo de este año: crecimiento y aprendizaje. Sé que voy a pasar mi vida entera con ellas, y eso es lo que quiero! No hay edad para ello. Nunca se es demasiado viejo para crecer y aprender, así como la juventud no implica que aún nada se haya aprendido. Yo puedo decir con toda seguridad que crecí más y aprendí más de lo que lo hubiese hecho quedándome 10 años más en BA.

Lejos de casa no tenés esa seguridad que te da el estar cerca de tu gente. Cualquier paso en falso puede ser caída y golpe, no siempre tenés alguien que te agarre. Y aún ya caído, no siempre tenés alguien que te de la mano para levantarte, pero a veces sí, a pesar de la distancia. Fui conociendo gente, fui haciendo amigos. Fueron parte de mi año, y sin duda lo serán el año próximo (y el siguiente, y el siguiente…).

Fue un año durante el cual, como dije antes, hubo que remarla muchísimo. Tuve que trabajar de noche en un trabajo que terminé odiando para poder pagarme una cama en un cuarto compartido en un hostel, y comida. Viví un mes en ese lugar, sin dormir, ya que volvía de trabajar a las 8 am, y al ser el cuarto compartido, siempre había alguien entrando, saliendo, haciendo ruido. Me acostumbre a no dormir, o a dormir algunas horas por día de forma interrumpida constantemente.

Es curioso como muchas cosas se van dando. Yo llegué a Brasil sin planes, ni dinero, ni nada. Agarre mis pocas pertenencias, las puse en un pañuelo rojo, até el pañuelo a un palo de escoba, y me fui de la vecindad.

En el Mirante Dona Marta con Rodri
Rodri llegó a Rio también sin planearlo, por seguir a alguien. Los dos caímos en el mismo hostel de casualidad, con algunas semanas de diferencia. A dos casas de ese hostel, vivía un tal Adam. Sin planearlo nos encontramos con un proyecto que causó una sociedad, y no al revés. Fue una sociedad espontánea y no hubiera salido mejor si la hubiéramos planeado.

No nos juntamos los tres y planeamos crear algo juntos, apenas nos conocíamos. Apareció un proyecto, Adam consideró que Rodri y yo eramos las personas indicadas para acompañarlo, y así nos largamos. Una vez más dejamos todo, incluyendo los trabajos que teníamos y nos la jugamos. Si bien nos conocíamos, no nos conocíamos tanto. Sólo hacía unos pocos meses que nos habíamos visto por primera vez, y creo que ninguno sabía que esperar del otro.

El universo nos juntó a base de “casualidades” y nos dio algo tan hermoso como este proyecto en el que estamos trabajando. Un proyecto entre socios, y ahora puedo decir, amigos. En un comienzo pensamos que la diferente procedencia, historia, y estudios de cada uno nos iba a dar visiones y capacidades diferente, y no podíamos estar más en lo cierto. Cada uno de nosotros tiene un tipo de inteligencia diferente. Hay situaciones en las que Adam encuentra la solución perfecta que ni Rodri ni yo hubiéramos pensado. Hay problemas en los que soy yo el que da en el clavo y lo resuelve. Y otros en los que es Rodri el que nos saca la papas del horno. Y lo mejor de todo, es que son buena gente y hay respeto y comunicación constante ante todo. Somos tres personas metidas en esto, hay opiniones dispares, pero como el objetivo de los tres es el mismo, no es la persona más fuerte la que gana, sino la mejor idea. No hay una persona más “fuerte”, ni hay ninguno que tire para su propio lado. Las diferencias que surgen, se arreglan tan simple como con una crítica y una charla. Los tres sabemos que toda crítica es constructiva y que sólo está hecha para ayudar a mejorar.

Así festejamos la noche en que cerramos el trato.

Los tres salimos de nuestros países sin más que una mochila y deudas. Hoy tenemos un proyecto en marcha sin más techo que el que podamos ponerle nosotros, y a nosotros nos gusta el aire libre. Juntos nos deslomamos y convertimos un edificio viejo, algo abandonado, y con una gestión tan pobre que haría llorar a cualquier hotelero (o persona con sentido común) en un espacio cómodo, lindo y agradable.

Y el hostel está acá, el resultado se ve. Y eso lo logramos juntos. ¿Lo más importante de todo? El hostel no es el proyecto, el hostel es tan sólo una parte del mismo. No sabemos qué cosas van a venir en el futuro, pero sabemos que venga lo que venga, lo vamos a enfrentar y vamos a seguir adelante con esto. El hostel es un escalón, importantísimo, es la base de todo, pero no lo es todo.

Este año fue enorme, y recién ahora lo veo. Cerré una etapa de confusión de un año y medio post-NZ. Procesé todo al fin, entendí lo que fue el viaje, entendí lo que significó para mí, y ordené en mi cabeza toda la información que recibí, sobre la vida, sobre el mundo y sobre mí. Aprendí que mi mamá tenía razón cuando de chico me decía que  yo podía ser quien yo quisiera ser. Todas las barreras que tenía me las ponía yo mismo, o dejaba que una pequeña cerca en el camino fuera un muro alambrado con torres vigías. Todas esas limitaciones propias estaban puestas por mí. Todos tenemos la capacidad de ser lo que querramos, pero no todos estamos dispuestos a dejarlo todo por ir a buscarlo, o de esforzarnos para conseguirlo.

Viví una de las cosas más internamente reveladoras y cambiadoras de mi vida como lo fue el ayahuasca, algo para lo cual aún no tengo palabras, pero que a todos recomiendo que hagan. Te cambia la vida, te cambia la perspectiva del mundo y de todo lo que nos rodea, y te cambia la visión sobre vos mismo. No hay vuelta atrás. De todos modos, ¿quién la querría?

Me recibí también, al fin. Después de años de estudios y de postergarlo, al fin terminé un ciclo. Y sí, me siento orgulloso por eso porque fue un logro personal. No hay nada más lindo como proponerse algo, comprometerse, pelearla, y lograrlo al final.

 Tuvimos también la increíble suerte de que se agrandó esa hermosa familia que son mis amigos, con una nueva cuñada “oficial” como Flor, y una nueva bebé hermosa con nombre de dios solar. Además por supuesto de ver como tanto Sebi como Cami crecen hermosos, sanos, y con unos padres increíbles.

Cientos de cosas pasaron, cientos de relaciones se establecieron, cientos de puertas se abrieron, y cientos de oportunidades se presentaron, y aproveché todas las que pude.

Así sentado en una sillita de plástico junto al Quiosque do Miltão (dígase: Quioshqui do Miltáu), mirando la gente pasar, escuchando las olas chocar, y viendo a lo lejos las fogatas de las macumbas bajo las estrellas, me di cuenta que este año fue un año de, perdón por la expresión, de puta madre.

Sé que el año que viene va a ser duro, y lo digo esto en el buen sentido. Va a haber muchos desafíos, problemas, dificultades, pruebas, los mismos altibajos de montaña rusa de siempre, y voy a estar esperándolos a todos y cada uno de ellos para enfrentarlos y superarlos. Sin ellos no hay ni crecimiento, ni aprendizaje, ni el postre al final tiene el mismo sabor. ¿Quería aventura? Voy a tener aventura, una de las más grandes en las que jamás me embarqué. Si antes no había seguridad, ahora no tengo ni un viejo ebrio con un caniche sentado en la puerta con un uniforme de Prosegur y armado con un palito de la selva. Pero el éxito depende de nosotros y de nadie más, y puedo decir con poco margen de error, que ninguno de los tres está dispuesto a dejarse vencer fácil.

Espero que hayan tenido un año tan bueno como el mío, y que el que viene sea aún mejor. Mejor dicho, espero que ustedes mismos hagan del próximo año, el año que quieran tener. 

sábado, 4 de octubre de 2014

Stairway to Hostel


Lo que no conté en el post de cierre de "Facu va al Mundial", principalmente porque todavía no se me había ocurrido, es que sí voy a seguir escribiendo (eso sí se me había ocurrido), pero que lo que escriba va a ser subido acá. ¿Por qué? 

En un punto quise empezar a tomar más en serio lo de la escritura, creé una página (www.thekiwilife.com.ar, y después www.facuvaalmundial.com.ar), creé páginas en facebook, y ahí fue que comencé a cambiar mucho la forma de escribir. 

Entonces pensé que quizás lo mejor sería volver a manejarme como antes, y así, tal vez, volver a escribir como antes. Es por eso que decidí volver a escribir acá, en mi vieja página, donde sólo entraban amigos y familiares, y volver a escribir para ellos, en vez de intentar captar nuevos lectores.  Y así entonces abro una nueva etapa (o una vieja?) con algo pequeño que surgió hoy mismo. Y así me siento como si volviera al pueblo pequeño de donde salí, después de fracasar en la gran ciudad.

Nota importante: Si quieren seguir leyendo los posts, van a tener que suscribirse en la lista de mails, porque no voy a publicarlo en ningún lado! Pueden suscribirse en el menú de la derecha.

Stairway to Hostel


Después de tan sólo 4 horas de sueño, gracias a la gentileza de las dos Paulistas (chicas de São Paulo) que volvieron a las 4:20 de la madrugada y se quedaron una hora por reloj pelotudeando en el deck del hostel obligándome a quedarme despierto, ni la taza gigante de café que me tomé antes de salir ni el hecho de que mi compañera llegó temprano por primera vez en la historia permitiéndome salir por primera vez en hora (aunque este hecho fue tan sorprendente que no estaba preparado y terminé saliendo 10 minutos tarde de todas formas), no hicieron que el sentimiento de desolación al pararse en la base del morro y mirar hacia arriba viendo todo lo que aún quedaba por subir, menguara en lo más mínimo.

Vidigal está en la ladera de un morro, como casi todas las favelas de Rio (quizás por eso las negras tienen culos gigantescos y piernas que doblan las mías), y nuestra casa (el hostel) está en la calle más alta de todas. Está tan arriba que detrás nuestro sólo tenemos el bosque y más arriba una pared de roca vertical. La base del morro, está sobre la Av. Niemeyer, que es la costanera. Más allá de ella, a veces algunas casas, a veces un risco, a veces una playa, y detrás de todo esto, el mar, el hermoso hermoso mar. Ahhh como me gusta.


Aún me niego a tomar los mototaxis que suben y bajan a velocidades inconcebibles por las calles de la favela zigzagueando en subida y en bajada, esquivando autos, camiones, y personas. Es muy fácil morir en una favela, y no por actos de violencia, sino porque al desorden caótico del tráfico de Rio de Janeiro, se le suman las calles serpenteantes con esquinas escondidas y en altura, sin semáforos, sin control, y sin veredas. Los mototaxis cuestan sólo 2 reales, pero si multiplicamos 2 reales por 25 días al mes da como resultado 50 reales por mes en mototaxis, lo cual puede ser invertido en más de dos kilos de carne de buena calidad (un asadito), una visita al Maracaná para ver al Flamengo, o comprar el par de zapatillas más feos de la historia, lo cual hice (y no por accidente, ni por estar ebrio). Además de eso tengo la confianza de que, con tiempo, me vaya acostumbrando a subir el morro estúpidamente empinado, y que en algún momento mis piernas no quemen como si estuviese escalando el Aconcagua a diario. Por el momento no veo ningún avance.

Pero al fin uno llega a casa, y con que se encuentra? Un set de escaleras. Y no escaleras normales, sino escaleras de favela, es decir, escaleras hechas por un manco con los ojos vendados, fuertemente anoréxico y con falta completa de empatía, ya que algunas escaleras son tan angostas que más de una persona no cabría en ellas. Son 3 pisos por escalera hasta el andar (es piso en portugués; mi portugués va mejorando rápidamente a expensas de mi español e inglés que se va volviendo más cavernícola) en donde están nuestros cuartos, y un piso más para llegar al andar donde está la cocina y la primera terraza. Pero una vez ahí, uno recuerda un par de cosas:

1)      La razón por la que uno está acá
2)      Que uno tiene un hermoso cuarto privado
3)      Que la vista desde la terraza justifica cualquier escalada. No hay nada más lindo que levantarse, prepararse un café, y mirar el mar, las islas, y la playa. O en lugar de eso, recibir amigos, abrir una horrible cerveza brasilera (se ve que sus dotes genéticos fueron enviados hacia el baile, la música y el fútbol, olvidando por completo cualquier arte gastronómico o de bebidas) y la bebemos como si fuese una Stoke Amber mientras mirás el paisaje.

Y entonces, es imposible no sentirse feliz.
PD: No puedo creer que algún vecino puso una hermosa composición en piano, en vez del tradicional funky o samba. Te amo vecino! 
Nota: No fue ningún vecino, fue la escuela de ballet de la ONG.

En primer plano el Hotel Sheraton, en segundo plano Vidigal.
Llegando a Vidigal, así se ve el resto de Rio. Eso es Ipanema y Leblón.


Desde la terraza del hostel. 


A mitad de camino de subida. 
Detrás nuestro, el bosque y el morro

Curiosidades de Río


Me parece a mí o me está diciendo que tengo un aire a Saldaña?

Este colectivo va lejos

Una esquina porteña, en una esquina carioca
Soy el orgulloso dueño de las zapatillas más feas del mundo (pero son cómodas)